Aislados en Machu Picchu
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![]() Miles de damnificados, hogares destruidos, cosechas y negocios arruinados y, lo que es peor, si cabe, aproximadamente 1 millon de dólares en pérdidas diarias para el sector turístico de la región. Si ya decíamos en el caso de la tragedia ocasionada por el terremoto de Haití de hace unos días que “a perro flaco todo son pulgas”, la historia se vuelve a repetir… |
Las lluvias de los últimos días en la región de Cuzco han sido especialmente intensas, aunque decir eso sería quedarse algo corto; realmente han sido brutales.
Miles de damnificados, hogares destruidos, cosechas y negocios arruinados y, lo que es peor, si cabe, aproximadamente 1 millon de dólares en pérdidas diarias para el sector turístico de la región. Si ya decíamos en el caso de la tragedia ocasionada por el terremoto de Haití de hace unos días que “a perro flaco todo son pulgas”, la historia se vuelve a repetir en el caso de las intensísimas lluvias que han azotado a la Región de Cuzco, unas lluvias que han devastado la fuente principal de ingresos de los habitantes de la zona: el turismo.
Y si lo anterior no fuera suficiente desgracia, ahí están las autoridades peruanas para terminar de arreglarlo. Con esta tragedia se destapa la negligencia y hasta la falta de cuidado por parte de las autoridades peruanas por lo que debiera ser su bien más preciado: los turistas. Y es que se pone de manifiesto que no ha existido ni existe un olan de evacuación ni de emergencia para la zona y, caso de haberlo, éste se ha demostrado totalmente inútil, lo que resulta especialmente sangrante en una zona en la que las lluvias del verano austral resultan especialmente devastadoras por lo agreste de la orografía.
Así, en lugar de impedir las visitas a la ciudadela inca de Machu Picchu cuando las lluvias comenzaba a arreciar, debiéndose haber puesto en marcha un plan de evacuación para los turistas que ya se encontraban en la ciudadela, al contrario se continuaba permitiendo el acceso a las ruinas incas y el normal funcionamiento de los trenes que viajan desde Cuzco hacia Aguas Calientes, la pequeña población que se sitúa a los pies de Machu Picchu, lo que ha agravado la situación provocada por las recientes lluvias torrenciales: cerca de 2.000 turistas de distintas nacionalidades atrapados en Machu Picchu. Algo que, desde luego, daña seriamente la imagen de Perú como destino turístico.
Pero lo peor de todo es que, si no hubiera sido por que se ha producido esta situación realmente desastrosa en el caso de los turistas atrapados en Machu Picchu, lo cual ha saltado a los medios de comunicación de medio Mundo, especialmente tratándose de medios chilenos y argentinos (países que aportan la mayor parte de turistas afectados), habría pasado desapercibida, un año más, la penosa situación a la que deben enfrentarse los habitantes de la región afectada por las torrenciales lluvias, quienes, año sí y, casi, año también, miran al cielo por estas fechas rogando a Dios (porque al Gobierno peruano desde luego no) que haga algo para evitar una tragedia, tragedia que se suma a la ya de por si precaria situación en la que se encuentran los habitantes de la Región de Cuzco.
Y es que la desidia y la inoperancia de las autoridades peruanas ya se puso de manifiesto en el terrible terremoto de Ica de 2007, donde la región costera cercana a Lima quedó devastada como consecuencia aquel terremoto de 8 grados y que, hoy día, continúa devastada a la espera, aún, de su reconstrucción, con millones de euros y de dólares destinados por la ayuda internacional para tal fin desaparecidos y sin que aún la ciudad de Ica haya sido reconstruida, ni tan siquiera su hospital. Un episodio que retrató a las autoridades peruanas, las cuales, mas estorbaron en las labores de ayuda a las víctimas que otra cosa, siendo un claro ejemplo de ello el Presidente peruano Alán García, quien estaba más preocupado en salir en los medios de comunicación y reprender a los equipos de rescate españoles por quejarse al no tener protección alguna frente a los tiroteos que recibieron alguna que otra noche por parte de desconocidos mientras rescataban a víctimas del terremoto.
Quienes conocemos bien Perú y sentimos un amor muy especial por aquel país, nos sorprendemos por la capacidad de aguante y de resistencia de los peruanos frente a sus gobernantes y nos echamos las manos a la cabeza por el abandono en que se encuentra sumida una de las actividades más importantes y con más potencial con que cuenta Perú como es el turismo. Efectivamente, Perú cuenta con atractivos turísticos que para si quisieran otros países con mucha más afluencia turística; sin embargo, la dejadez en el transporte público (por no hablar de taxis y “combis”), el deplorable estado de las vías de comunicación, la abrumadora burocracia administrativa a la hora de hacer cualquier trámite, el ver al turista como una especie de limón al que exprimir, …, son factores que soportan día a día los peruanos con una paciencia rayana a la santidad, pero que, en el caso de los turistas, poco a poco va haciendo mella a modo de la fábula de Esopo de la “Gallina de los huevos de oro”.
Efectivamente, antaño Perú encerraba una magia muy especial, por no hablar de Machu Picchu, un destino deseado por los amantes de las antiguas civilizaciones, lleno de misterio y de encanto al que cualquiera soñaba viajar algún día para vivir una verdadera aventura. Sin embargo, el turismo de hoy día es mucho más exigente y no sólo busca la aventura, sino que, además, busca la comodidad y la seguridad, algo que hoy día ofrecen destinos como la Riviera Maya en México, con sus grandes complejos hoteleros con todo incluido, a sólo un paso de Chichén Itzá, algo que ha hecho especialmente daño a Perú como destino turístico, país en el que los medios de transporte y la frecuente falta de seguridad hacen desistir a muchos potenciales turistas de elegirlo como destino turístico final.
Y a Perú sólo le faltaba esto: el deplorable espectáculo que han dado las autoridades peruanas en el caso que ahora nos ocupa. Efectivamente, una vez que ya se encontraban cientos de turistas aislados en Machu Picchu y una vez que cientos de viviendas y de haciendas habían sido devastadas por las lluvias torrenciales, las autoridades se decidieron a declarar el estado de emergencia en todo Cuzco (el día 25), planteándose a partir de ese momento cómo rescatar a los cerca de 2.000 turistas atrapados en Machu Picchu, todo un alarde de previsión, organización y planificación.
Desorganización, falta de planificación reflejada en las palabras del Primer Ministro peruano, Javier Velásquez, quien indicaba que las autoridades estaban intentando reunir helicópteros para el rescate de los turistas atrapados, ponen de manifiesto que uno de los monumentos más visitados del Mundo como es Machu Picchu no cuenta con la más mínima infraestructura ni planificación para hacer frente a una situación de crisis que, desde luego, podría repetirse, a lo que se une las denuncias por parte de algunos turistas atrapados que indicaban que los primeros evacuados habían sido personas que pudieron pagar por el mismo, extremo que niegan las autoridades peruanas, aunque lo cierto es que los primeros evacuados fueron los europeos, los estadounidenses y los chinos y japoneses, algo realmente significativo.
Asimismo, se denuncia por parte de los turistas que han quedado aislados y que todavía no han sido rescatados (chilenos y argentinos fundamentalmente), que no hay prácticamente asistencia alguna por parte de las autoridades, hacinándose la gente en el local del Instituto Nacional de Cultura (unas 500 personas que deben compartir sólo dos servicios higiénicos), en vagones de tren, en restaurantes locales, en tiendas de campaña improvisadas, sin mantas, sin medicinas, debiéndose pagar las personas atrapadas sus propios alimentos (a lo que se suma el hecho de que los precios de los alimentos se han duplicado y el cambio del dólar se ha multiplicado, por lo que hay gente que está haciendo su agosto a costa de la tragedia humana ante los propios ojos de las autoridades). Una situación realmente esperpéntica y que en nada beneficia a la imagen de Perú como destino turístico.
Pero si esa es la situación de los turistas atrapados en Machu Picchu, podemos imaginar cómo es la situación de los lugareños afectados por las torrenciales lluvias, situación que es especialmente grave en las zonas más rurales, totalmente olvidadas por las autoridades y a las que no llegan ni alimentos, ni medicinas ni ayuda de ningún tipo, algo que no extraña a los lugareños porque es una historia que se vuelve a repetir una vez más.
Una situación realmente lamentable que, seguro, se agravará en los próximos días, ya que se espera que las torrenciales lluvias continúen y se han declarado 60 días de emergencia en la zona, aumentando así la desgracia de los habitantes de la región, así como la de los turistas atrapados que no ven el momento de ser rescatados y que no se explican porqué no llega ninguna ayuda por parte de las autoridades peruanas y porqué los nacionales de otros países sí han sido rescatados y ellos no. Una situación que daña gravemente la imagen del país como destino turístico y que pone de manifiesto el desinterés de sus gobernantes en el desarrollo del país en el sector que debiera ser clave para el mismo.
Publicado el 27 de enero de 2010
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