Castril: la muerte de un río, la muerte de un pueblo
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![]() El río Castril se nos muere porque alguien ha decidido que los votos son más importantes que el Medio Ambiente, que las truchas endémicas que pueblan sus aguas y que la flora que ajardina sus márgenes no tienen ningún valor, desoyendo con ello la normativa medioambiental de la Unión Europea en la materia en una política de hechos consumados… |

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Quienes hemos tenido la inmensa fortuna de disfrutar en nuestra infancia de la especial magia de un río, de los largos veranos a orillas del serpenteante rumor que nos regalaban estos oasis de interior, donde sólo con el refrescante sonido de las aguas abriéndose paso por entre los cañizares y las redondeadas rocas era más que suficiente para quitarnos de encima el calor sin necesidad de zambullirnos en sus frías aguas, guardamos en nuestra memoria mucho más que recuerdos de una infancia feliz.
El río era ese objeto de deseo que nos acompañaba durante todo el año, esperando en nuestros estrechos pisos de ciudad a que llegara el verano para ir con la familia al pueblo, donde, además de nuestros tíos, primos y amigos, nos volveríamos a encontrar con ese amigo fiel que nos esperaba con sus frías aguas, con sus veredas repletas de zarzas, con sus truchas que asomaban por entre las aguas cristalinas, con los inconfundibles aromas que emergían de su vega y que nos anunciaban que sólo quedaban unos minutos para descalzarnos y corretear por entre las piedrecillas redondas, para investigar y descubrir cada año un rincón nuevo, una poza nueva, una alameda nueva en la que observar especias de flora y fauna que jamás llegaríamos a imaginar en las ciudades, todo lo cual iría conformando en nuestra imaginación mil y una historias de aventuras que tendrían como escenario, un año más, a nuestro amigo el río.
Y es que, en nuestras infantiles conciencias, el río estaría allí cada año, igual que los abuelos, los primos, los tíos, los amigos, …; pensábamos que nada podía cambiar, y mucho menos el poderoso río que, generación tras generación, llenó de vida los márgenes de una tierra seca, que dio sustento a cientos de familias en los peores años de la vida de nuestro país por medio de la agricultura y que, décadas después, continuaría dándola por medio de lo que más tarde se llamaría “turismo rural”, un turismo que se nutriría en su mayoría, precisamente, de quienes tuvieron en su infancia un río que perdieron por entre el asfalto y el ruido de la gran ciudad.
Sin embargo, con el pasar de los años, a medida que íbamos perdiendo la inocencia, a medida que nos convertíamos en adultos, las visitas al pueblo y, por ende, al río, se distanciaban en el tiempo, hasta que, pasadas unas décadas, descubríamos que poco o nada se parecía aquel frondoso río de nuestra imaginación infantil al que ahora teníamos ante nuestros ojos. Sí, conservaba sus grandes perfiles, algunos lugares comunes, pero algo había cambiado. Tal vez los cortijos que antaño florecían junto a sus márgenes hoy estaban abandonados, tal vez notábamos que había menos vegetación, tal vez notábamos que faltaban los aromas y los sonidos de la infancia, o, tal vez, notábamos que el murmullo del agua correteando por entre las rocas había disminuido o era inexistente, llenando toda la vega de un silencio que helaba la sangre, que anunciaba que el río, nuestro río, se estaba muriendo.
Un río puede morir por muchas causas, aunque, lamentablemente, detrás de la mayoría de ellas está la mano del hombre, una mano movida por la especulación e intereses económicos, sin olvidar los políticos, siendo éstos los que, en último término, conceden el placet para la puntilla final, los que se encargan de adormecer las conciencias y comprar voluntades por medio del tan recurrente “progreso”, el talismán milagroso que sirve para aquietar a las masas.
En el norte de la provincia de Granada, en un lugar encantador, muy cerca de la Sierra de Cazorla, a los pies de la Sierra de Castril, se encuentra Castril de la Peña, un pueblecito de los de antes que, sin embargo, ha sabido sacar partido a sus encantos naturales para sobrevivir y convertirse así en punto de referencia turístico en el llamado “Altiplano de Granada”, siendo uno de esos encantos su río, el río Castril.
El río Castril nace a 1 hora de caminata del pueblo del mismo nombre, pasado el lugar conocido como “Los Cortijos del Nacimiento”, entre matorrales y paredes escarpadas que son la delicia de todo aficionado al senderismo, en un entorno natural único del que ya quedan pocos. Con unas aguas cristalinas y heladas, este nacimiento regala a Castril y a buena parte del Altiplano de Granada un espectáculo natural de los que ya quedan pocos en España, con especies endémicas de truchas, de flora y de fauna libres de toda contaminación, formando a su paso un vergel de naturaleza casi virgen, adornado todo ello por las vegas agrícolas en las que muchos de los antiguos cortijos de labradores han sido reconvertidos en casas rurales que han sabido aprovechar de forma sostenible el río Castril y su entorno, convirtiendo de esta forma a la zona en un ejemplo de desarrollo compatible con la naturaleza que sería la envidia y el modelo de muchos otros lugares en nuestro país.
Ese río es el río de mi infancia, en cuyas aguas viví innumerables aventuras verano tras verano, viéndome crecer año tras año, descubriéndome sus rincones más recónditos al tiempo que hermosos. Tal vez durante la infancia no valoré lo suficiente la belleza de ese lugar, el aroma de los membrillos por la mañana cuando bajábamos al río a bañarnos, de las tomateras y de los pepinos, el aroma inconfundible de las yemas de los chopos germinando, el sabor de las moras a finales de agosto y principios de septiembre, el gustazo de beber directamente de las aguas del río sin temor alguno, la normalidad de ver pastar a orillas del río los rebaños de ovejas, o de bañarse junto a un banco de truchas, … Unas experiencias que guardo en mi memoria y que, desde luego, hoy valoro y conservo como oro en paño.
Pero el río Castril se nos muere, y, como ya he indicado, como la mayoría de las joyas naturales de nuestro país, lo hace por la mano del hombre, con el silencio cómplice de aquellos mismos a los que se les llena la boca de protección al Medio Ambiente, de sostenibilidad, de “no a los trasvases” de grandes ríos cuyas cuencas en nada se verían afectadas por unos pocos hectómetros de menos en favor de zonas deficitarias. El río Castril se muere porque, muy lejos del dulce rumor de sus aguas, un pacto político decidió que del Ebro no saldría ni una gota de agua a cambio de apoyos políticos, un pacto en virtud del cual ni Granada ni Almería recibirían agua del Ebro, un río que cada año desborda sus aguas con un excedente que se pierde en el Mar Mediterráneo mientras que media España pide agua, lo que conduce, inevitablemente, a una política hidrológica que condena a los pequeños ríos de interior a soportar esas necesidades de agua, debiendo llegar a desaparecer algunos de ellos y todo el ecosistema que sustentan.
Eso es precisamente lo que está ocurriendo con el río Castril, un río que encierra una biodiversidad increíble, una riqueza cultural y humana en cada uno de los pueblecitos que atraviesa que no se comprendería sin él. El río Castril está muriendo ante la ceguera de los políticos que nos gobiernan y que gobiernan Castril, más ocupados y preocupados por los réditos políticos que por el potencial económico en forma de ecoturismo que encierra este río. De nada sirve a Castril de la Peña contar entre sus vecinos con el premio Nobel José Saramago si no hay algo más para atraer a los turistas, quienes se acercan a esta zona por el atractivo natural de la misma, no por los reclamos de insignes personajes de la Cultura como Saramago, desconociendo la mayoría de ellos la relación del Nobel con Castril, descubriéndolo una vez que visitan sus callejuelas y disfrutan de los encantos de todo tipo que ofrecen las joyas naturales que rodean a esta localidad, joyas naturales que son, precisamente, las que atraen en último termino al turismo de calidad.
El río Castril se nos muere porque alguien ha decidido que los votos son más importantes que el Medio Ambiente, que las truchas endémicas que pueblan sus aguas y que la flora que ajardina sus márgenes no tienen ningún valor, desoyendo con ello la normativa medioambiental de la Unión Europea en la materia en una política de hechos consumados al más viejo estilo de otros tiempos y cuya estrategia consiste en dividir al pueblo con falsas promesas a cambio de la entrega del río a la especulación política y económica. Y con el río Castril también muere Castril, un lugar que en los últimos años vio renacer su economía de la mano del ecoturismo, de la mano de los turistas británicos que decidieron asentarse en ese lugar para disfrutar de su jubilación por lo incomparable del entorno natural, o, simplemente, de la mano de quienes un día dejaron aquellas tierras para ganarse la vida como emigrantes y que, años después, han vuelto para asentarse definitivamente en la zona para emprender nuevos negocios relacionados con el turismo sostenible.
Lamentablemente, las protestas de los vecinos y de movimientos como el Movimiento en Defensa del Río Castril poco van a poder hacer para salvar al río Castril y su entorno natural, algo que conducirá, indefectiblemente, a la muerte misma de Castril y de buena parte de la comarca, por lo que resulta más increíble todavía la postura de los políticos castrileños que se tapan los ojos ante el desastre ecológico y natural sin precedentes que se avecina, tal vez esperando que las aguas amainen y reciban su recompensa en forma de algún cargo político de más alto nivel que reconozca los servicios prestados.
El río Castril se muere en silencio, lejos del foco de atención de los grandes medios de comunicación, sin la defensa de quienes siempre están al frente de las manifestaciones en defensa del Medio Ambiente y en contra de los trasvases porque, ahora, son “los suyos” los que están detrás de este desmán ecológico. Quizás resulte mucho más atractivo y rentable mediáticamente movilizarse en la organización del festival “Siete Soles, Siete Lunas” que se celebró en Castril este mes de agosto y que permitió a gran número de políticos y artistas fotografiarse en este evento bajo el auspicio de la Fundación José Saramago que tiene su sede, precisamente, en Castril. Qué ironía: los mismos que se movilizan por cualquier “justa causa” a toque de corneta mediática, ahora, a pocos metros del río que se nos muere, le bailan el agua a los políticos que lo están matando; poderoso caballero …
Nada que hacer. Dentro de unos años nuestro río no será más que un triste riachuelo, sin vida, sacrificado al servicio de “causas más nobles”, mientras que, quienes lo mataron, se encontrarán disfrutando de los réditos obtenidos con su traición, la traición a un río y a un pueblo que agonizarán al son de grandes eventos y festivales, de grandes figuras y personalidades culturales que callarán y abandonarán Castril en busca de reconocimientos mayores y de movilizaciones y reivindicaciones que, eso sí, ocupen las primeras planas de los períodicos y permitan mostrar ante el Gran Público una imagen de falso compromiso social muy rentable en nuestros días.
Nos quedamos sin río en un país en el que los ríos de nuestra infancia están desapareciendo, en un país que está a la cola de la defensa del Medio Ambiente (quién lo diría a la vista de los informativos complacientes) y en el que se invierten millones en publicidad para decir lo estupendos que somos protegiendo la Naturaleza mientras que, por la puerta de atrás, se acaba con nuestros recursos naturales más preciados y, por extensión, con pueblos y tradiciones que hunden sus raíces en lo más profundo de nuestros corazones.
Si nadie lo remedia, el río Castril morirá y quedará sólo su majestuoso recuerdo en la memoria de quienes lo conocimos en todo su esplendor, de quienes nos bañábamos en sus pozas y correteábamos por entre sus refrescantes choperas. El río Castril seguirá vivo en nuestro recuerdo hasta que, al fin, nosotros también nos vayamos, momento en el que nuestro río desaparecerá definitivamente en silencio. Hasta siempre río Castril.
Publicado el 19 de agosto de 2009
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Comentarios
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Andrés Iruela Sánchez Mie, 4th nov 2009 21:37
No sé quién eres pero te quiero agradecer la sensibilidad con que tratas el tema del río Castril y el intento de dar a conocer su destrucción. El ancestral río Castril se enfrenta a su fin de río vivo para correr por una tubería camino a la especulación ante la indiferencia de una sociedad acomodaticia.
¡Gracias por tu esfuerzo de despertar las conciencias!
ViajeAhorro.com Mie, 4th nov 2009 23:13
Hola Andrés.
No sé si te sonará el “tío Pedro Pardo” de Las Almontaras; pues uno de sus nietos soy, que desde pequeño he pasado veranos e inviernos en Las Almontaras bajando casi todos los días al río Castril acompañando a mi abuelo y a mis primos y ayudándoles en los bancales, aunque ahora, a estas edades (je, je, je), me verás más a menudo en las calles de Castril, sobre todo en días de mercado de puesto en puesto o, por supuesto, de tapeo tomando alguna cerveza o alguna clara en verano.
Saludos y a ver si conseguimos salvar al río Castril.
Casimira Quiñones Muñoz Jue, 5th nov 2009 23:21
Tocada en lo mas profundo de mi sentir y de mi recuerdo, es alucinante y maravilloso descubrir en los otros los mismos sentimientos, es una soledad, no tan sola.
Salud y suerte! compañeros del alma
ViajeAhorro.com Mar, 10th nov 2009 17:26
Hola Casimira.
Lo que sientes es mútuo.
Saludos y gracias por participar y por ser así.
ViajeAhorro.com Mar, 10th nov 2009 17:27
Hola Soraya.
Si no estáis casados, él necesitará visado.
Saludos y gracias por participar.
Jaime López Moreno Dom, 31st ene 2010 2:05
EXCELENTE…………………………………por la finura del reportaje. Esto es ARTE, CON MAYÚSCULAS. Te felicito paisano.
Toda esa tecnología, ciencia, informatica, cultura, respeto y conocimiento por lo natural y bello.
Me uno a tu exposición y decir qué, esta batalla la ganaremos con la cultura y el “CONOCIMIENTO”. Gracias.
ViajeAhorro.com Dom, 31st ene 2010 20:25
Hola Jaime.
Gracias a ti por participar y, como indicas, esta lucha la ganaremos o, al menos, hay que intentarlo.
Un saludo.