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La Ciudad Libre de Christiania
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![]() Ubicada en la capital de Dinamarca (Copenhague) la Ciudad Libre de Christiania se sitúa exactamente en el Barrio de Christianshavn, del que toma su nombre, constituyéndose en una especie de comunidad hippie (si bien sus orígenes son muy diferentes a los de las comunas hippies de los 60 y 70) en la que rigen unas normas propias, con un Gobierno propio al margen del danés y el de la propia ciudad de Copenhague… |
Resulta realmente curioso que en unos terrenos que, originariamente, estaban destinados a uso militar, hoy día se asiente en ellos una ciudad dentro de otra ciudad al margen totalmente de las normas de esta última, con sus propias leyes, su propia Constitución, donde no se pagan impuestos y donde la libertad individual por encima de todo es la premisa máxima. Esa ciudad a que nos referimos es la llamada “Ciudad Libre de Christiania”.
Ubicada en la capital de Dinamarca (Copenhague) la Ciudad Libre de Christiania se sitúa exactamente en el Barrio de Christianshavn, del que toma su nombre, constituyéndose en una especie de comunidad hippie (si bien sus orígenes son muy diferentes a los de las comunas hippies de los 60 y 70) en la que rigen unas normas propias, con un Gobierno propio al margen del danés y el de la propia ciudad de Copenhague, y en la que la norma es que cuantas menos normas mejor, algo que se puede adivinar al contemplar el cartel que nos despide del lugar al volver a entrar en Copenhague y que nos indica “You’re now entering the EU” (“Está usted entrando en la Unión Europea”); toda una proclamación de principios que nos resume el espíritu de Christiania.
“Democracia directa”, “experimento social”, “barrio libertario”, …, son algunas de las denominaciones que se aplican para describir a Christiania, denominaciones que, aisladas entre si, pueden llegar a ser injustas y darnos una imagen distorsionada del lugar, pero que, en su conjunto, describen a la perfección una comunidad en la que cada uno de sus más de mil habitantes es valorado como persona, aportando cada individuo al grupo lo mejor de si mismo desde su propia libertad, lo que da lugar a una riqueza de contrastes que, a simple vista, pueden pasar desapercibidas y hacernos caer en el tópico y el error de creer que nos hallamos ante una comuna hippie más, algo bastante alejado de la realidad.
Ciertamente, cuando se entra en Christiania, la primera impresión que nos podemos llevar es la de que nos encontramos en un “nido de okupas“, de ésos que se agrupan en el casco antiguo de las grandes ciudades europeas y que, con la excusa de “lo alternativo”, no son más que una fuente constante de problemas para los vecinos, que no aportan nada en absoluto a la sociedad y que sólo acogen a marginados sociales que apenas aciertan a practicar unos infantiles juegos de malabares o garabatear unos mediocres murales con pretendidas reminiscencias libertarias. Sin embargo, si seguimos nuestra visita por Christiania, pronto nos daremos cuenta de que nos hallamos en un lugar bien diferente, lo cual explica que se haya convertido en uno de los atractivos turísticos más importantes de Copenhague, como lo es su Sirenita, imagen que sus pobladores pretenden conservar celosamente y a toda costa, siendo un ejemplo de ello la prohibición existente de hacer fotografías de algunos lugares para evitar que, precisamente, una imagen aislada del contexto distorsione la realidad del conjunto.
En cualquier caso, una visita a Christiania requiere de una mentalidad algo abierta, ya que se trata de una comunidad prácticamente aislada del resto de la ciudad de Copenhague, lo que determina que nos pueda parecer un lugar algo descuidado y, en ocasiones, decadente y caótico. Por ello, y para evitar equívocos, conviene recordar que nos hallamos ante un lugar autogestionado que subsiste con el esfuerzo, los aportes y el trabajo de sus miembros, siendo ahí, precisamente, donde reside su encanto, un encanto que los habitantes de esta isla tratan de preservar de personajes indeseables con una estricta política de admisión, ya que para poder residir en Christiania es necesario que te acepten todos los habitantes del lugar reunidos en el llamado “Consejo”, conscientes ellos de que, de otra forma, la Ciudad Libre de Christiania se vería pronto invadida por todo ese tipo de variopintos personajes que siempre acuden a la llamada de todo aquello que suene a “libertario” sin aportar nada positivo, con la sola intención de buscar un refugio paradisíaco que les salve de su mediocridad, como ocurriera con el movimiento hippie en San Francisco de la década de los 70 que fracasó cuando la ciudad se vio inundada de drogadictos, delincuentes, gurús y personajes de toda ralea que terminaron por hundir aquel sueño de libertad. No obstante el celo de los habitantes de Christiania, resulta inevitable el ver deambular por sus calles algún personaje que ensucia el espíritu de la ciudad.
Ubicación de Christiania…
Pero la mejor forma de conocer lo que es y significa la Ciudad Libre de Christiania es haciendo un poco de historia sobre su origen y evolución hasta hoy día. Efectivamente, Christiania nació como consecuencia de la iniciativa popular y participativa, de la mano de unos padres, vecinos del Barrio de Christianshavn, que estaban hartos de que sus hijos no tuvieran en la zona ningún lugar donde jugar, mientras que los terrenos en los que se ubica hoy la Ciudad Libre de Christiania, pertenecientes por aquel 1970 al ejército danés, permanecían abandonados acumulando basura y desechos sin ser aprovechados por nadie; aquellos padres, ante tal situación, decidieron un buen día tirar abajo la valla que rodeaba los terrenos de lo que hoy es Christiania, en la esquina de Prinsessegade con Refshalevej, para que sus hijos pudieran aprovechar aquellos terrenos desaprovechados y disponer así de un lugar para jugar.
A partir de ese momento, la iniciativa de aquellos padres fue a más y comenzaron a organizarse actividades alternativas en aquel lugar, con exposiciones, mercadillos de arte y artesanías, conciertos, la publicación del periódico “Hovedbladet”, …, actividades todas ellas que ponían sobre el tapete la necesidad de llevar a la práctica los anhelos de una sociedad disconforme con el orden establecido y que buscaba un lugar en el que llevar a la práctica sus sueños de libertad. Todo ello comenzó a atraer al lugar a gentes de lo más variado, entre hippies, okupas y gentes de todo pelaje que veían la oportunidad de crear un espacio de libertad en el lugar, pasando en poco tiempo de ser un campamento alternativo lleno de tiendas de campaña a un asentamiento estable llamado “Christiania”.
Sin embargo, el proceso de consolidación del enclave hasta nuestros días no ha sido tan idílico como pudiera parecer, ya que ha atravesado por diversos avatares y obstáculos, tanto internos como externos. En cuanto a los primeros, la multitud de personas de tda índole e intenciones que llegaron a Christiania en la década de los 70 obligó a una necesaria depuración que permitiera la propia subsistencia del proyecto alternativo, ya que, como en tantas ocasiones ha ocurrido, se corría el riesgo de que fracasara este experimento social víctima de la disparidad de caracteres y objetivos de los miembros que iban conformando la comunidad. En cuanto a los segundos, se encuadran aquí los obstáculos políticos, quizás más difíciles de superar que los primeros, incluso en Dinamarca, uno de los países paradigma del llamado “Estado del bienestar”.
Efectivamente, Christiania tuvo que hacer frente, por un lado, a una depuración entre sus habitantes para que se quedaran quienes realmente podían y querían aportar algo, y, por otro lado, a la presión política y policial que pretendía expulsar a sus habitantes de las 22 hectáreas que ocupaban, una presión política y policial con la que se conseguiría el efecto contrario, ya que del originario movimiento social y utópico se iría pasando, progresivamente, a un movimiento político y de resistencia que haría frente al primer cierre de Christiania ordenado por las autoridades danesas en 1973, una resistencia caracterizada por la no violencia, cuyas armas eran las protestas pacíficas, la palabra, el arte urbano y alternativo, el teatro popular, la literatura y, sobre todo, la imaginación.
Esa resistencia se fue ganando las simpatías de los movimientos alternativos del resto de Europa y del Mundo, de personalidades como Bob Dylan o Eric Clapton que prestaron su música actuando en Christiania, amainando de esa forma las intenciones de las autoridades danesas hasta 1976, año en el que, nuevamente, la amenaza de clausura se cernía sobre el lugar. Sin embargo, para entonces, Christiania ya era un verdadero Estado dentro de otro Estado, con sus propias leyes, sus propios servicios y su propia seguridad (ya que rara vez la polícía danesa se adentraba en Christiania, salvo en situaciones especialmente graves); por ejemplo, Christiania contaba ya con su propio servicio de correos, con su propio Consejo de Gobierno formado por todos los habitantes, con sus propios servicios de salud y sanitarios, con conciertos de música organizados a los que asistían estrellas de renombre mundial, con sus certámenes de teatro que comenzaban a tener renombre internacional, … Christiania era, para entonces, mucho más que una comunidad hippie al uso y había pasado de ser un experimento social a toda una realidad con la que difícilmente se podría acabar.
De esta forma, la propia comunidad de Christiania incluso llevaría al Estado danés a juicio para evitar el cierre del lugar, juicio que perdió, lo que obligó a la comunidad a entrar en política y presentar candidatos a las elecciones municipales de Copenhague para sobrevivir. Las simpatías que provocaba en la población este lugar, así como la intensa campaña en defensa de Christiania que llevaron a cabo numerosas entidades cívicas y culturales danesas, dio como resultado que consiguieran un concejal en el Ayuntamiento de Copenhague, concejal que se hizo especialmente popular por sus discursos y su lucha en defensa de la supervivencia de Christiania y sus valores, lucha que logró sus frutos, ya que el Parlamento danés, por primera vez, ya no se planteó el cierre de la Ciudad Libre, sino que decidió que la comunidad de Christiania debería presentar un plan de organización y normalización como requisito para su continuidad.
Sin embargo, tantos años de lucha hicieron que los habitantes de Christiania dejarán de lado la vigilancia sobre las personas que se unían a la comunidad, lo que provocó que la presencia de indeseables (drogadictos, camellos, chulos, prostitutas y marginales sin oficio ni beneficio como se dice) fuera en aumento, la excusa perfecta para las autoridades de Copenhague a fin de volver a arremeter contra Christiania, si bien, nuevamente, sus habitantes respondieron al ataque con inteligencia, sin violencia, estableciendo programas de rehabilitación para drogadictos y de reinserción en la comunidad, al tiempo que tomaron medidas severas contra los traficantes de drogas, todo lo cual hizo que la ciudad Libre de Christiania volviera a triunfar frente a las pretensiones de los políticos locales en la década de los 80.
Tras diversos avatares, Christiania pudo vivir años de tranquilidad, lo que permitió a sus habitantes el centrarse en sus proyectos y establecer lazos internacionales con organizaciones y comunidades afines que fueron asentando el proyecto sobre bases sólidas, nutriéndose la comunidad exclusivamente con nuevos miembros que aportaron seriedad y solvencia a Christiania, lo cual permitió que en 1987 el Gobierno danés se planteara legalizar la situación de Christiania e integrarla como un barrio más de Copenhague, pero respetando sus peculiaridades, si bien, ello no supondría, ni mucho menos, el fin de la lucha por la supervivencia de Christiania. Efectivamente, los proyectos para “domar” a la comunidad de Christiania serán las propuestas del Gobierno danés y del Ayuntamiento de Copenhague, propuestas a las que una y otra vez se opondrán los habitantes del barrio con el afán de que fueran ellos mismos los que determinaran el futuro y el modelo a seguir en Christiania, lo que generará tensiones constantes entre ambos bandos que terminarán desembocando en la gran acción policial de 1993 con la excusa, nuevamente, de que “Christiania era un gran mercado de drogas duras”, algo que, en esta ocasión, era totalmente falso. La intervención policial fue tan brutal que determinó incluso la intervención de Amnistía Internacional, organización que denunció los abusos policiales, logrando con ello parar las intervenciones y detenciones masivas.
Tras aquellos acontecimientos, volvieron tiempos de tranquilidad a Christiania, si bien, todavía se mantienen algunas tensiones entre las autoridades y los habitantes del barrio, ya que, a pesar de que Christiania goza del reconocimiento oficial como barrio, todavía queda en el aire y en la indefinición su ordenación urbana y medioambiental, algo que actualmente es objeto de negociaciones entre las autoridades y los habitantes de Christiania. En todo caso, lo que resulta evidente es que la Ciudad Libre de Christiania se ha ganado un nombre y una personalidad propia, siendo muy difícil que las autoridades danesas puedan volver a plantearse su cierre por todo lo que implica este lugar y las consecuencias a nivel nacional e internacional que ello implicaría, sin olvidar que Christiania se ha convertido ya, por derecho propio, en un atractivo turístico de primer orden en Copenhague.
Ciertamente, Christiania no deja de ser un lugar peculiar, pintoresco si se quiere, que no deja de ser eso si se desconoce su historia y la lucha de sus habitantes por convertirlo en lo que es hoy. Algunos piensan que los habitantes de Christiania no son más que “pijos”, amantes de la comida macrobiótica, “gentes bien” que, mientras a otros les da por el yoga o la meditación, a ellos les ha dado por montar una especia de “comuna hippie” en dos días, algo totalmente alejado de la realidad, ya que Christiania no es cosa de dos días, sino que es el fruto de décadas de lucha que han dado como resultado a varias generaciones consolidando un proyecto de vida diferente, alternativo, que puede gustar o no pero que, ciertamente, singular y digno de visitar es.
Sea como fuere que pienses, has de visitar Christiania dejando en la entrada prejuicios e ideas preconcebidas, mirando hacia otro lado cuando veas comerciar y consumir hachís y marihuana, centrándote en contemplar el modo de vida de sus habitantes. Visita sus bares, sus tiendas, sus talleres, sus espacios artísticos y teatrales, sus locales de jazz y de música alternativa, sus construcciones ecológicas y el aprovechamiento sostenible que realizan los habitantes de sus recursos, reutilizando con soluciones imaginativas sus desechos, por no hablar de los aportes curiosos y útiles que han hecho al resto del Mundo y que casi todos desconocen, como es el caso de la bicicleta con sillita para niños, la cual es un invento de Christiania que se ha exportado al resto del Mundo. Visita Christiania sin prejuicios, como te decimos, relacionándote con sus habitantes en sus bares y cafés, visitando su “Ópera”, su “Dragonclub”, su “Salón Gris”, su “Arco de la Paz” o la “Loma de la Paz”, así como las escuelas infantiles con que cuenta, todo lo cual te dará idea de que nos hallamos ante una ciudad dentro de otra ciudad, con sus propias reglas, con su propio sistema de gobierno y sus propias leyes, un lugar en el que sus habitantes no pagan impuestos porque su forma de vida se basa en la autogestión y en la libertad.
Si viajas a Copenhague no dejes de visitar este lugar, ya que muchos tópicos que encierras caerán y descubrirás una nueva y distinta forma de ver la vida. Si estás dispuesto a adentrarte en la aventura constante e interminable que es Christiania, no dudes en visitar antes su página web en www.christiania.org para ir abriendo boca antes de tu viaje a este lugar único.
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Puerto Edén
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Portada | Lugares únicos | Puerto Edén
![]() Puerto Edén se encuentra prácticamente aislado del Mundo, a unos 2.000 km de Santiago de Chile, a unos 400 km de Puerto Natales y a unos 700 km de Punta Arenas, siendo solamente accesible en barco, ya sea desde Puerto Montt, desde Puerto Natales o desde Punta Arenas, en un trayecto que sortea las diferentes islas e islotes que conforman la Patagonia chilena… |
En lo más recóndito del antártico chileno, en la Isla Wellington, se encuentra Puerto Edén, la puerta de entrada a los canales de la Patagonia, un lugar clave para los amantes de los lugares indómitos y apartados de la pretendida “civilización”, lugares que un país como Chile nos ofrece como ningún otro.
Puerto Edén es un pequeño pueblito portuario formado por unas cuantas casitas agrupadas junto al llamado “Paso del Indio”, un lugar de leyenda enclavado en una tranquila bahía al abrigo de la naturaleza más salvaje y helada, en la XII Región de Chile, en la Provincia de Última Esperanza, un nombre que augura la dureza de las condiciones climatológicas que hacen tan atractivo a este lugar para los viajeros que gustan de las condiciones extremas enfrentándose cara a cara con la naturaleza.
Este lugar es de fundación relativamente reciente. Efectivamente, Puerto Edén fue fundado en 1937 por la Fuerza Aérea de Chile, como un enclave con finalidades militares a fin de conectar Puerto Montt y Punta Arenas mediante una línea de hidroaviones que tendría como estación de apoyo, precisamente, a Puerto Edén, un proyecto experimental que no tuvo mucho éxito, aunque sí que permitió agrupar en este lugar a un grupo poblacional formado, fundamentalmente, por indios kawésqar, quienes, sin embargo, desde hacía miles de años, ya moraban por estos lugares como nómadas, utilizando la bahía en la que hoy se encuentra Puerto Edén para descansar durante sus viajes por los canales patagónicos.
No es difícil imaginar la razón por la cual los kawésqar paraban a descanasar durante algunos períodos en lo que hoy es Puerto Edén, decidiendo asentarse definitivamente aquí a partir de 1937, y es que el nombre de este lugar ya lo dice todo. Efectivamente, Puerto Edén se encuentra enclavado en uno de los lugares más bellos del Mundo, en el que las pequeñas casitas situadas en esta casi virgen bahía contrastan con el impresionante paisaje que las rodean, en una estampa de quietud y sosiego al que contribuyen los hilillos que se alzan desde las pequeñas chimeneas que calientan a los pobladores de esta comunidad pesquera, una pequeña comunidad que se arremolina rodeada de la naturaleza más impresionante y agreste, en los límites de la Patagonia chilena, en pleno Parque Nacional Bernardo O’Higgins.
Puerto Edén se encuentra prácticamente aislado del Mundo, a unos 2.000 km de Santiago de Chile, a unos 400 km de Puerto Natales y a unos 700 km de Punta Arenas, siendo solamente accesible en barco, ya sea desde Puerto Montt, desde Puerto Natales o desde Punta Arenas, en un trayecto que sortea las diferentes islas e islotes que conforman la Patagonia chilena y que permiten disfrutar de los impresionantes paisajes naturales que nos regalan los canales patagónicos, antesala de los glaciares y ventisqueros chilenos.
Ubicación de Puerto Edén…
Con poco más de 200 habitantes, Puerto Edén es una pequeña comunidad de pescadores y cazadores, cuyos pobladores reproducen en el sedentarismo las costumbres que durante siglos desarrollaron sus antepasados nómadas. Un teléfono público que no funciona todo el día es el único medio de comunicación con el Mundo exterior, una pequeña escuela, un pequeño centro de salud, un retén de Carabineros de Chile, y unos cuantos servicios más públicos más son suficientes para que los habitantes de Puerto Edén vean pasar los días en los que las prisas y los ajetreos de nuestro siglo simplemente no existen.
Efectivamente, en Puerto Edén lo realmente valioso son los detalles de la vida misma, aquellos aspectos que dan valor al Ser Humano por ser lo que es, por existir, prescindiendo de los artificios de la llamada “civilización”. En Puerto Edén se disfruta de la vida en estado puro, pescando, cazando o recolectando “cholgas” (actividad a la que mayoritariamente se dedican los pobladores de Puerto Edén), una especie de mejillones con los que se elaboran las delicionas “cholgas ahumadas” cuyo aroma abre el apetito a mediodía y que deben ser acompañadas por un buen vino chileno, a lo que ha de unirse la deliciosa centolla y los erizos a cuya extracción también se dedican los pobladores del lugar.
Para llegar a este paraíso apartado del Mundo es indispensable hacerlo en barco, tal y como hemos indicado; en concreto, has de contratar los servicios de “Navimag”, la empresa que gestiona los transportes en ferri y cruceros turísticos por los canales patagónicos. Las salidas son desde Puerto Natales, Puerto Edén y Puerto Montt, siendo un trayecto hasta destino realmente largo en todos los casos, el cual, sin embargo, se compensa por las impresionantes vistas que podemos disfrutar durante el mismo y que nos regalan las islas y los canales patagónicos que atravesamos, mostrándonos todo el esplendor de la naturaleza más indómita.
Una vez que llegues a Puerto Edén comprobarás que te encuentras en otro Mundo, en un lugar en el que el tiempo no existe y en el que no vas a necesitar el reloj. En Puerto Edén los únicos protagonistas son sus habitantes con sus costumbres milenarias, la flora y la fauna que lo abrigan y los hielos milenarios que se divisan a lo lejos y que nos avisan de que estamos entrando en una zona de hielos perpétuos, lo que hace que la temperatura máxima no pase de los 18º C en verano, dando un encanto especial, casi mágico, a todo el entorno que rodea a Puerto Edén. El Canal de las Montañas, Cerro Castillo, Dos Lagunas, Fiordo Largo, la Reserva Nacional Alacalufe, Torres del Paine, …, son sólo algunos de los innumerables e impresionantes atractivos naturales que podrás encontrar en tu viaje a este rincón único de la Patagonia chilena.
Puerto Edén, como ya podrás haber adivinado, no es un gran destino turístico ni de masas, por lo que es el lugar perfecto para refugiarse de la “civilización”. Una pequeña escuela, un pequeño restaurante, una biblioteca sin pretensiones, un puertecito en el que las coloridas barcas hacen juego con las también casitas coloridas que dan la bienvenida al viajero que busca la paz y la tranquilidad en un lugar de gentes amables y sencillas, entre nielos perpétuos que encierran el encanto de un verdadero lugar único en el que encontrarse a uno mismo, más allá de los confines del Mundo.
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El Altiplano de Granada
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![]() El Altiplano Granadino lo forman las comarcas de Huéscar y de Baza, lindando con las provincias de Jaén, Albacete y Murcia, en un entorno natural que nos ofrece, desde los paisajes lunares de Galera y Orce, hasta los vergeles de la Sierra de Castril, hermana de la de Cazorla. |
Imagínate un lugar en el que despiertes por las mañanas con el dulce sonido del canto de los pájaros, acompañando al lento amanecer que nos trae la claridad del nuevo día entre azules que van clareando y que dejan atrás la noche cerrada que ilumina con su millón de estrellas el cantar nocturno de las chicharras, acompañadas en su canto por el arrullo lejano de algún riachuelo rodeado por las alamedas que mecen sus copas a la suave brisa, regalándonos el sonido inconfundible de la libertad, lejos de cualquier preocupación y zozobra, seguros de que volvemos a estar fundidos a la naturaleza de la que formamos parte.
Imagínate un lugar en el que las hogazas del tierno y perfumado pan de pueblo acompañan tus desayunos, regados de aceite de oliva y envueltos en el aroma de los productos más naturales que nos proporciona el huerto familiar; un lugar en el que el agua fresca calma nuestra sed mientras descubrimos rincones únicos sin más compañía que los sonoros silencios de la naturaleza; un lugar en el que cada día podemos descubrir un pueblecito nuevo lleno de vida, con sus preciosas casas blancas y sus atractivos y bulliciosos mercados semanales en los que encontrar la artesanía más tradicional y practicar el viejo arte del regateo tras haber disfrutado de un delicioso y tonificante chocolate con churros; un lugar en el que podemos encontrar mil y un paisajes diferentes en los que perdernos y encontrarnos a nosotros mismos.
Podrías pensar que ese lugar no existe, que tan sólo puede existir en nuestra imaginación, el resultado de numerosos retazos de lugares idílicos, reales o no, distanciados entre si y unidos por nuestros recuerdos. Pero ese lugar es real, existe y se encuentra al norte de la provincia de Granada, en el llamado “Altiplano de Granada”.
El Altiplano Granadino lo forman las comarcas de Huéscar y de Baza, lindando con las provincias de Jaén, Albacete y Murcia, en un entorno natural que nos ofrece, desde los paisajes lunares de Galera y Orce, hasta los vergeles de la Sierra de Castril, hermana de la de Cazorla. Baza, Benamaurel, Caniles, Castilléjar, Castril, Las Almontaras, Galera, Huéscar, La Puebla de don Fadrique, Orce, …, son algunos de los lugares que perfilan el Altiplano de Granada y que lo llenan de vida, de tradición, de cultura, de historia y, por supuesto, de la peculiar gastronomía que nos regalan las cocinas de lumbre y chimenea que por estos lares abundan y que constituyen el orgullo de buen número de sus restaurantes que apuestan por la modernidad y el diseño sin renunciar a la tradición.
Si entras en la provincia de Granada desde el norte, llegando desde la Región de Murcia, el primer lugar que encontrarás al entrar en la provincia será Almaciles, un diminuto lugar que, sin embargo, cuenta con un restaurante llamado “El Puente”, en la carretera que va desde Caravaca hasta La Puebla de Don Fadrique, un restaurante que debe su nombre al puente por el que antaño discurría la carretera que hoy se desvía dejándolo a la izquierda. La mayoría de la gente que viaja a Granada se detiene en este restaurante desde hace décadas, famoso por sus carnes y embutidos a la brasa que nos anuncian que entramos en una de las regiones de Andalucía más ricas y excelentes en este tipo de productos.
Dejamos atrás Almaciles y entramos en La Puebla de Don Fadrique, el primer pueblo propiamente de la provincia de Granada, a los pies de la Sierra de La Sagra, en la que se ubica el pico que le da nombre, a 2.382 msnm, y en el que se encuentra un observatorio astronómico que aprovecha la calidad y limpieza de los cielos de la zona. El perfil de La Sagra es una de las estampas típicas o simbólicas de la comarca de Huéscar en la que se sitúa La Puebla de Don Fadrique, con su pico nevado en las estaciones frías que se puede contemplar desde cualquier lugar de la comarca.
Ese perfil de La Sagra nos perseguirá durante todo el trayecto hasta llegar a Huéscar, la localidad que da nombre a la comarca y que constituye un ducado, título que pertenece a la Casa de Alba. Huéscar es una ciudad llena de historia, repoblada (al igual que toda la comarca) tras la Reconquista por gentes procedentes de Aragón, Navarra y Castilla, lo que explica el estilo de las construcciones (algo alejadas del estilo propio de la ciudad de Granada y sus poblaciones limítrofes), de sus tradiciones y las peculiaridades de sus habitantes (gentes de ojos claros y apellidos que proceden del norte de España). Huéscar bien merece una parada, especialmente si hay mercado por la mañana, toda una experiencia para los sentidos y para disfrutar de sus calles y callejuelas, aprovechando la experiencia para acercarse también a la gastronomía del lugar.
A partir de Huéscar tenemos la opción de dirigirnos hacia Castril de La Peña o hacia Castilléjar. La primera opción nos conducirá hacia las estrivaciones de la Sierra de Castril y, desde ahí, a la de Cazorla; la segunda opción nos conducirá hacia los inquietantes paisajes casi lunares de Galera y Orce, lugar este último donde se encontraron en 1982 los restos humanos más antiguos de Europa y que recibieron la denominación de “Hombre de Orce”, así como un poblado que data del 2000 a. C.
Si optamos por dirigirnos a Castril de La Peña, tras salir de Huéscar y superar el siempre atemorizante Puente Duda (situado en el precioso paraje de la Sierra de Duda y que pasa por encima del río Guardal sobre un barranco imposible), podemos acercarnos al Embalse de San Clemente, el cual cuenta con un restaurante que te recomendamos especialmente y cuyo nombre verás que se repite por la zona: “El Maño III”. Efectivamente, “El Maño” es un nombre que, como te indicamos, verás repetido por la zona (en Fátima, en Castril de La Peña, …), asociado siempre al buen comer, especialmente si hablamos de la preparación de las truchas, todo un arte culinario que “El Maño” domina como nadie, unas truchas que proceden de la cercana piscifactoría ubicada en plena sierra, tras sobrepasar el Embalse de San Clemente, y cuya visita también te recomendamos.
Ubicación del Altiplano de Granada…
Llegando a Castril de La Peña, las numerosas curvas por las que se desciende a esta población nos permitirán contemplar un paisaje único, el valle que forma el río Castril y que jalonan numerosos cortijos hoy reconvertidos en casas rurales, así como las poblaciones de Las Almontaras, Los Isidoros o Fuentevera, unas poblaciones diminutas pero llenas de vida, especialmente si quieres disfrutar de las indispensables verbenas de verano y que en estos pueblecitos adquieren su verdadero significado hasta altas horas de la madrugada que han de cerrarse obligatoriamente con un buen chocolate con churros.
Castril de La Peña te da paso a la Sierra de Castril, una sierra en la que nace el río del mismo nombre, uno de los pocos de España que todavía conserva una riqueza natural inigualable y que da vida a toda la zona combinando la agricultura sostenible con el turismo rural. Pero, además, Castril de La Peña, con sus empinadas cuestas, te da la posibilidad de descubrir un pueblecito en el que seguro te darán ganas de quedarte, como así lo han hecho numerosos británicos que han decidido disfrutar de su jubilación en este lugar, o como así lo ha hecho el Nobel José Saramago, casado con una castrileña y que en este pueblecito encantador ha dejado una sede de su Fundación.
Y, desde Castril de La Peña, tienes la posibilidad de acercarte, a muy pocos kilómetros, a la cercana Cazorla y, por supuesto, su Sierra, ya dentro de la provincia de Jaén, no sin antes pasar por Campo Cebas y el Pantano de La Bolera (el lugar perfecto para disfrutar de la sierra y de la gastronomía que proporciona la misma) y Pozo Alcón.
Pero, volviendo a Huéscar, te indicamos que, desde allí, también tienes la posibilidad de dirigirte a Castilléjar y, de ahí, a Galera y Orce, así como a Cúllar y a Caniles, hasta llegar a Baza. Deteniéndonos en Castilléjar, apreciaremos que el paisaje es radicalmente diferente al de Huéscar y Castril, lejos de las estrivaciones serranas a cuyos pies se asientan; un paisaje casi lunar, en el que las yeseras han sido modeladas por los elementos durante miles de años para formar unos paisajes grisáceos casi mágicos. Sin embargo, esos paisajes encierran un oasis que no te puedes perder, ya que Castilléjar se encuentra rodeada por los ríos Galera y Guardal, lo que confiere a su vega un verdor espectacular en el perderte toda una mañana, para alojarte después en una de las tantas casas-cuevas que acogen a los viajeros que buscan disfrutar de la experiencia rural más auténtica y su gastronomía sin renunciar a la comodidad.
Y desde Castilléjar podemos seguir camino hacia Galera, una población que se enmarca en el mismo paisaje lunar que caracteriza a la zona y que encierra dos yacimientos arqueológicos importantísimos, uno de la Edad de Bronce y otro denominado “Necrópolis ibérica de Tútugi”, en el que se encuentran numerosas tumbas en una de las cuales se halló la Dama de Galera, una figura fenicia del siglo VII a. C. Igualmente, si nos acercamos a la población cercana de Orce, siendo que en uno de sus yacimientos arqueológicos se encontró un cráneo cuya antigüedad se data en un millón y medio de años, todo un aliciente para acercarse a esta localidad y disfrutar de paso de otros encantos igualmente sugerentes, como su gastronomía y su arquitectura, la cual cuenta con joyas como el Castillo de las 7 Torres, del siglo XI.
Y a partir de ahí podemos dirigirnos ya hacia Baza, entrando en su comarca por Cúllar y llegando hasta Caniles, dos poblaciones en las que el paisaje comienza a cambiar, con frondosas vegas que dan paso a la Sierra de Baza, a cuyos pies se sitúa Caniles, ubicándose esta población dentro del Parque Natural de Baza, aunque una de las cosas por las que se destaca esta población es por sus exquisitos jamones, de gran renombre en toda la provincia de Granada, por lo que es obligado detenerse en este lugar para disfrutar de ese tesoro gastronómico.
Y una vez que llegamos a Baza nos vamos a encontrar con la población más importante de todo el Altiplano Granadino, puerta hacia la ciudad de Granada a través de la A-92. En Baza se combina la modernidad con la tradición, a la que no renuncia esta población que podemos considerar como el núcleo político, económico y administrativo de todo el Altiplano, extendiendo su influencia más allá de su propia comarca, hacia la de Huéscar, una influencia que arranca de la época romana, ya que Baza formaba parte de la importante Vía Hercúlea que unía a Antequera y Cartagena, por lo que esta ciudad constituía un punto de referencia económico, político y militar de primer orden en la Roma hispánica.
Efectivamente, Baza sigue conservando hoy la importancia de antaño, una importancia de antaño que se refleja en su ciudad ibero-romana de Basti (de donde viene el nombre de “Baza”), una de las ciudades fortificadas ibéricas más importantes de la península ibérica y en cuyos yacimientos se encontró la Dama de Baza, una estatua funeraria de cuerpo entero que constituye una de las mejores muestras del arte ibero junto a la Dama de Elche. Igualmente, esa importancia se refleja en los Baños de La Judería, unos de los más antiguos de toda España y que son propios de las urbes en los que la economía era especialmente pujante. También se refleja esa importancia de Baza en numerosos monumentos que nos cuentan el transcurrir de siglos y la posición de esta ciudad a lo largo de los mismos, como es el caso de la Casa-Palacio del Infantado, del Castillo de Benzalema, del Palacio de La Granja, del Palacio de los Enríquez, de su Plaza Mayor, de su Alcazaba, …; todo un conjunto monumental que convierte a Baza en una joya cuyos encantos se complementan con el Parque Natural de la Sierra de Baza, un entorno natural que multiplica los atractivos de esta ciudad y su comarca, perfecto para quienes buscan huir de la rutina diaria y dejarse seducir por los encantos de un lugar de los que ya quedan pocos.
Como hemos indicado antes, a partir de Baza puedes viajar directamente a Granada utilizando la A-92 con la que están conectadas ambas ciudades. Pero también tienes la opción de adentrarte más aún en los encantos del Altiplano de Granada escapando hacia el norte, volviendo a la comarca de Huéscar atravesando Benamaurel y Cortes de Baza, destacando en la primera sus casas-cuevas, algunas de las cuales son verdaderos “palacios” con todas las comodidades y ventajas de este tipo de viviendas.
Seguidamente entraremos en el término municipal de Castril de La Peña (como puedes comprobar, si desde Huéscar optaste por seguir la ruta de Castilléjar, desde Baza puedes volver hacia Castril y descubrir este lugar único que no debes dejar de visitar), término municipal en el que se encuentran pequeñas joyas como Las Almontaras, una pequeñísima pedanía de Castril lleno de vida y actividad, lugar en el que no estaría de más detenerte para bajar al río Castril y pasear por entre los cortijos y alamedas que jalonan sus veredas, las cuales te llevan directamente hasta la población de Castril de La Peña en una ruta perfecta para los amantes del senderismo o del cicloturismo.
Tal vez aún no conocías el Altiplano de Granada, sus encantos naturales, históricos y arquitectónicos, ni sus encantos gastronómicos que van desde el lomo de orza, pasando por el choto frito, las roscas de pan, los maimones, la matanza, el jamón serrano, …; verdaderamente un paraíso gastronómico para los amantes de la cocina tradicional, en un entorno natural único que nos aleja de la rutina y la mediocridad de la gran ciudad, adentrándonos en un mundo en el que el saludo es obligado y la hospitalidad y la amabilidad la norma, y en el que nadie es forastero y cualquier viajero se siente como en casa. Es el Altiplano de Granada, un lugar verdaderamente único, alejado de las grandes rutas turísticas, lo que, precisamente, lo convierte en el lugar perfecto para escapar de todo y reencontrarse con uno mismo, el lugar que estabas buscando y que nosotros te recomendamos. No te lo pierdas y apúntalo para tu próxima escapada.
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Tarma
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Portada | Lugares únicos | Tarma
![]() Pero si la ciudad de Tarma es un pequeño tesoro en si mismo, no lo son menos los alrededores, comenzando por el delicioso Tarmatambo, una pequeña pedanía de casitas de adobe, en la que se han restaurado unas colcas de origen inca para la conservación de alimentos, y donde el arrullo de las pequeñas acequias que rodean los campitos y caminitos, con la impresionante visión de fondo del Valle de Tarma… |
Desde luego que Perú cuenta con numerosos atractivos turísticos que van desde la propia ciudad de Lima a, cómo no, Machu Picchu, sin olvidar el norte del país y la zona de la selva peruana. Realmente Perú es un país apasionante, lleno de atractivos y contrastes en los que costa, sierra y selva ofrecen al viajero un amplio abanico de posibilidades imposible de abarcar en un solo viaje.
Y precisamente por ello, porque Perú nos ofrece una infinidad de posibilidades, resulta casi imposible escapar de los grandes viajes turísticos organizados que nos conducen siempre, de forma indefectible, a visitar los lugares comunes y típicos, los grandes centros turísticos y de renombre, algo que nos priva de disfrutar y saborear de los pequeños detalles y de las pequeñas joyas que nos ofrece este país.
Y una de esas pequeñas joyas es Tarma, también llamada “La Bella Perla de Los Andes”, una pequeña localidad situada en el corazón de la cordillera andina, a unas 6 horas de Lima, a la que se accede remontando las impresionantes montañas de Los Andes que se elevan hasta de una forma imponente, asustando al viajero que no está acostumbrado a esas manifestaciones de la naturaleza.
Ciertamente, uno de los problemas que presenta Perú como destino turístico es que, muchas veces, uno percibe que todo su potencial se encuentra desaprovechado en favor de los grandes destinos turísticos de este país, un potencial que encierra lugares que se encuentra fuera de las rutas turísticas, sin fomento alguno por parte de las autoridades locales y para cuya visita hay que realizar un verdadero esfuerzo al alcance de muy pocos viajeros. Se trata de lugares que en otros países entrarían dentro del llamado “turismo de interior” y que, sin duda, estarían en el cuadro de ofertas de las agencias de viajes para fines de semana, puentes y similares, en lo que constituye hoy un veradero tesoro para los lugares de interior que explotan sus encantos de una forma sostenible y compatible con la vida y costumbres más tradicionales sin renunciar al desarrollo y el progreso de sus habitantes.
Tal es el caso de Tarma, un lugar realmente único que, lamentablemente, queda fuera de los grandes circuitos turísticos, al alcance sólo de los más aventureros que deciden descubrir Perú por sus propios medios o contratando con pequeñas agencias locales, ya que los difíciles accesos al lugar con unas muy deficientes comunicaciones impiden cualquier intento por convertir a Tarma en un destino turístico de primer orden, sin olvidar la dejadez de las autoridades locales, una dejadez que ahoga cualquier iniciativa turística seria por fomentar los atractivos de este encantador lugar.
Y es que Tarma ya cuenta con el atractivo mismo de ser lugar de paso del “Real Camino Inca”, un Camino que contaba con miles de kilómetros que se extendían a lo largo del Antiguo Imperio Inca, con multitud de brazos que comunicaban cada rincón del Imperio con “El Ombligo del Mundo” según los incas, Cuzco, uno de los cuales pasaba, precisamente, por Tarma, o más exactamente por Tarmatambo, camino que recibía el nombre de “Camino del Chinchaysuyo” y que, por si solo, debería constituir un más que poderoso atractivo para atraer el turismo a una de las zonas con más encantos de Perú.
Pero, además de ese importante atractivo con que cuenta Tarma, esta pequeña ciudad ofrece al viajero toda la magia de la cordillera andina, engastada entre sus cumbres, a unos 3.050 msnm, asentándose en el valle que forma el río local, un entorno rodeado de eucaliptos y flores que lo convierton en un lugar idílico, de una belleza natural incomparable. Sólo contemplando el Valle de Tarma se comprende que se la considere “La Bella Perla de Los Andes”, denominación que le atribuyera el naturalista italiano Antonio Raimondi Dell’Acqua, quien quedó sorprendido por la belleza natural del lugar, alfombrado de flores y protegido por la cordillera andina en un alarde de la naturaleza que pareciera haberse esmerado con este valle.
Quizás sea esa belleza la que, desde la noche de los tiempos, atrajo a los primeros pobladores de Tarma, aunque la primera constancia de pobladores establecidos de forma permanente se refiere a los “tarumas”, a quienes Tarma debe su nombre y que, posteriormente, serían sometidos por el Incanato, durante el gobierno de Pachacútec. Sin embargo, la fundación efectiva de Tarma como ciudad no será hasta la llegada de los españoles en 1538, al establecerse en el lugar la primera guarnición de soldados, tras la cual vendría la primera parroquia y, durante la época del Virreinato, el establecimiento del Corregimiento de Tarma, así como la constitución en 1785 del Cabildo de Tarma, lo que irá elevando la importancia económica, política y estratégica del lugar. Tras la Independencia de Perú, Tarma se constituirá en Departamento, aunque con Simón Bolívar pasará a denominarse dicho Departamento como “Departamento de Junín”, denominación que hoy se conserva, aunque Tarma, a pesar de seguir conservando el título de Provincia, ya no será capital del Departamento referido, sino que dicha capitalidad pasará a manos de la cercana ciudad de Huancayo.
Ubicación de Tarma…
Efectivamente, la ciudad de Tarma, a pesar se seguir dando nombre a la Provincia en que se ubica, con los siglos ha ido perdiendo importancia en favor de la ciudad de Huancayo, algo que, tal vez, la haya beneficiado. Basta con visitar la cercana Huancayo para darse cuenta de que su importancia como capital de Departamento ha ido pareja a su degradación en lo que a calidad de vida se refiere, algo que no ocurre con Tarma. Tarma sigue conservando las esencias del pasado, en una ciudad recoleta rodeada de una frondosa naturaleza, alejada de modernas industrias que en Perú, lamentablemente, siempre van parejas a la contaminación más salvaje, como ocurre con el sangrante y criminal caso de la localidad cercana de La Oroya. Tarma, así, a pesar de haber perdido importancia política, administrativa y económica, conserva un tesoro todavía por explotar: su belleza. Y es que ese tesoro supone todo un potencial económico realmente desaprovechado por las autoridades locales y nacionales, más preocupadas en la explotación mineral que en crear una verdadera red turística de primer orden en la zona.
Pero si la ciudad de Tarma es un pequeño tesoro en si mismo, no lo son menos los alrededores, comenzando por el delicioso Tarmatambo, una pequeña pedanía de casitas de adobe, en la que se han restaurado unas colcas de origen inca para la conservación de alimentos, y donde el arrullo de las pequeñas acequias que rodean los campitos y caminitos, con la impresionante visión de fondo del Valle de Tarma, constituyen un deleite para los sentidos, deteniéndose realmente el tiempo y haciendo volar nuestra imaginación rememorando los siglos pasados en los que el “chasqui” (“mensajero” en quechua) recorría a pie los Caminos del Inca para llevar las noticias hasta el último rincón del Imperio Inca. En Tarmatambo sentirás que estás verdaderamente a solas con tus pensamientos, contemplando un paisaje cincelado por la fuerza de la “Pachamama” o “Madre Tierra”·
Pero también la Tarma colonial se nos manifiesta en su recoleta Catedral, ubicada en la Plaza de Armas de la ciudad, un edificio dedicado a Santa Ana y en cuya cripta reposan los restos del General Manuel Odriá, personaje insigne de Perú y natural de Tarma. Igualmente, el sabor colonial de Tarma lo podemos encontrar en la Hacienda La Florida, un lugar donde alojarse es toda una delicia, contemplando la belleza de la naturaleza y su vigor, al tiempo que disfrutando de la excelente gastronomía tarmeña y peruana en un ambiente relajante e ideal para escapar del bullicio de los grandes centros turísticos y de sus concentraciones humanas. Se dice que en esta Hacienda se hospedó el escritor limeño Juan Ramón Ribeyro, inspirándose, precisamente aquí, para escribir su obra “Silvio en el rosedal”, lo que nos da una idea de lo sugerente de este lugar para pasar unos días en nuestra visita a Tarma.
Y, cómo no, a unos pocos kilómetros de Tarma, San Pedro de Cajas es otro de los lugares de visita obligada. Durante el trayecto hasta este pueblecito podemos disfrutar de los bellos paisajes de la serranía andina, siendo que en nuestro destino, en San Pedro, podremos adquirir la más exquisita y tradicional artesanía de la región en las tiendecitas que se ubican alrededor de su Plaza de Armas. Efectivamente, San Pedro de Cajas es famosa por el trabajo artesanal de sus tejedores, un trabajo realizado a mano con unos resultados realmente bellos, utilizando para ello tintes naturales aplicados sobre la lana de alpaca. Obligatorio es en San Pedro de Cajas pararse a comer el tradicional “puchero” y el “jaka locro” para quitarnos el frío que en este lugar puede resultar excesivo en épocas invernales.
Y si lo que buscamos es la aventura, no podemos dejar de visitar la Gruta de Huagapo, a unos kilómetros de Tarma y que es considerada la gruta más profunda de Sudamérica y por la que discurre un manantial de aguas cristalinas que hará las delicias de quienes se atrevan a adentrarse en las profundidades de la gruta, eso sí, con el equipo espeleológico y la formación adecuados. En todo caso, el desplazamiento hasta la Gruta de Huagapo es toda una experiencia para la vista, ya que, durante el trayecto, los paisajes más encantadores harán las delicias del viajero. Igualmente, aunque no llegues a entrar en la gruta, la cascada que vierte su entrada es más que suficiente para compensar la visita. La Gruta de Huagapo es realmente increíble.
Del mismo modo, la visita al Santuario del Señor de Muruhuay es obligada, un lugar ubicado en Muruhuay (Acobamba), a unos 10 km de la ciudad de Tarma, y en el que se encuentra una impresionante roca en la que se encuentra pintado el Cristo Redentor o “Señor de Muruhuay”. Igualmente, no está de más dedicar un día a visitar en Chanchamayo (en La Merced, a unos 70 km de Tarma) la famosa Catarata del Tirol, viaje que nos permitirá sentir la sensación del progresivo descenso desde las cumbres andinas hasta las primeras estrivaciones de la selva peruana, disfrutando de la deliciosa y colorida gastronomía selvática y de la vegetación más exuberante a orillas de refrescantes ríos y riachuelos que invitan a remojarse algo más que los pies. Y, ni que decir tiene que, cuando llegues a la Catarata del Tirol, lo primero que desearás hacer es liberarte del sofocante calor de la selva bajo el velo de agua cristalina de la catarata. Algo realmente delicioso.
Seguro que nos dejamos mucho más en el tintero sobre este lugar único que es Tarma, como es el caso de su gastronomía, de la que es obligado disfrutar de su delicioso “manjar blanco” (una especie de crema dulce que no podrás parar de comer), o de unas truchas a la brasa en el cercano Ingenio que acompañaremos, cómo no, de alguna salsa a base de picante ají o de abrasador rocoto, al tiempo que contemplamos los imponentes cerros andinos que se elevan a nuestro alrededor. Igualmente, seguro que nos dejamos en el tintero el encanto de disfrutar de un día de mercado bullicioso y popular en las calles de Tarma, en el que podremos disfrutar del viejo arte del regateo, así como el gustazo de subirnos en un motocarro para desplazarnos, a modo de taxi, a cualquier punto de Tarma por muy cercano que esté.
Si vas a viajar a Perú reserva unos días para visitar Tarma y sus alrededores; haz un hueco en tu ajetreada agenda turística y escápate unos días al corazón de los Andes, ya que en Tarma vas a encontrar un lugar realmente único, que no consta en los grandes viajes organizados pero que, si lo visitas, seguro que figurará en adelante en tu próximo plan de viaje a Perú.
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San Pedro de Atacama
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Portada | Lugares únicos | San Pedro de Atacama
![]() San Pedro de Atacama, como pueblo, no tiene nada de particular ni de especial a primera vista. Un pueblecito con las calles principales pavimentadas, mientras que la mayoría son calles de tierra polvorienta con tonos rojizos; con algún edificio colonial como testigo de la Conquista española, siendo que la mayoría de las casas son de planta baja en los que se combinan el color rojo del adobe y el blanco de la cal… |
El Desierto de Atacama es considerado el desierto más árido del Mundo, ubicado al norte de Chile, a los pies de la cordillera de los Andes, en el que resulta prácticamente ver llover alguna vez como consecuencia del efecto de los Anticiclones del Pacífico, los cuales provocan un fenómeno conocido como “inversión térmica” que impide la formación de nubes altas originadoras de lluvia.
Con temperaturas que pueden llegar hasta los -25°C durante la noche y los 50ºC durante el día, el Desierto de Atacama es un lugar inóspito en el que resultaría impensable la vida por las condiciones extremas que presenta. Sin embargo, nada más alejado de la realidad, ya que esta zona desértica ha albergado durante siglos a numerosas etnias y pueblos, como fue el caso de los camanchacos, coles, uros y lupacas, así como el propio Imperio Inca, debiendo su nombre a uno de los primeros pueblos que lo habitó: los atacameños.
Los atacameños (también llamados “apatamas”, “alpatamas”, “kunzas”, “likan-antai” o “likanantaí”) eran un pueblo dedicado a la agricultura y la ganadería que maximizaba el aprovechamiento de las escasas aguas de que disponían, utilizando para ello técnicas como el cultivo en terrazas, una técnica utilizada también por los incas y que, en el “viejo Mundo”, también utilizaran los árabes exportándola a Al-Ándalus. Todo un despliege de ingenio y técnica para sobrevivir en un espacio en el que la vida resultaba y resulta prácticamente imposible.
Efectivamente, a pesar de su aridez, Atacama ha albergado pueblos desde la noche de los tiempos, incluyendo a los propios conquistadores españoles, por lo que esta tierra, desde luego, ha de tener algo más que sol y arena para haberse convertido en el hogar de distintas culturas. Tal vez sea el encanto y la magia de su paisaje muchas veces lunar, de la soledad que proporciona y en la que el hombre se sitúa frente a frente con él mismo, una soledad que permite gozar al que la contempla de la inmensidad del paisaje despoblado en el que la naturaleza parece poner en práctica sus creaciones más imposibles y que nos recuerda que no somos más que otro de sus caprichos.
Y es en esa inmensidad de aridez y silencio donde se alza San Pedro de Atacama, un verdadero oasis en mitad del desierto y que ya lo fuera para los primeros atacameños hace unos 11.000 años, dejándonos muestras de su herencia en los restos arqueológicos de la zona, pero, también, en los restos vivos de su cerámica, su artesanía, su música y su gastronomía, restos que la convierten en la capital arqueológica de Chile y que nos muestran un meztizaje fruto del carácter pacífico de sus moradores originarios y que permitió a los españoles convertirlo en parada y fonda en sus rutas de descubrimiento.
Es ese carácter de oasis el que ha conferido a San Pedro de Atacama el ser un lugar turístico de primer orden para los amantes de un turismo diferente, lejos de las aglomeraciones turísticas e ideal para quienes buscan escaparse del Mundo, de los bulliciosos centros turísticos, para quienes buscan encontrarse a si mismos en la soledad de los paisajes lunares de Atacama.
Ubicación del Altiplano de San Pedro de Atacama…
Y es que ese atractivo de San Pedro de Atacama ya se comienza a saborear cuando viajamos hacia ella desde Calama, la población más cercana a San Pedro y que la conecta por medio de una solitaria carretera que se pierde en la inmensidad del desierto y que parece no tener fin, con unos 98 km de paisajes lunares que nos advierten de nuestra insignificancia frente al poder de la Tierra y tras los cuales se encuentra este pequeño pueblecito lleno de la vida de sus apenas 2.500 habitantes que contrasta con la aridez del entorno.
San Pedro de Atacama, como pueblo, no tiene nada de particular ni de especial a primera vista. Un pueblecito con las calles principales pavimentadas, mientras que la mayoría son calles de tierra polvorienta con tonos rojizos; con algún edificio colonial como testigo de la Conquista española, siendo que la mayoría de las casas son de planta baja en los que se combinan el color rojo del adobe y el blanco de la cal, lo cual da lugar a un colorido constante que parece camuflarse en las arenas del desierto. Un pueblecito que en apenas una hora se recorre de principio a fin, entre la Municipalidad, la Calle de San Pedro (verdadera arteria comercial de este pueblecito y punto de reunión de sus habitantes), Toconao, Caracoles, Domingo Atienza y la Plaza del Pueblo; un paseo que culmina en cada uno de los extremos del pueblo de forma brusca al situarte, de pronto, tras la esquina de una casa, frente a la inmensidad del desierto infinito que es Atacama.
Sin embargo, este ambiente tranquilo y relajado de San Pedro no te debe dejar engañar. Estás ante uno de los lugares turísticos más importantes de Chile, tanto en lo que al pueblecito de San Pedro se refiere como, desde luego, a sus impresionantes alrededores.
Efectivamente, San Pedro de Atacama cuenta con una infinidad de puestecitos de souvenirs, destacando el taller “La Mano Arte” (donde, además de poder realizar algún curso para aprender la cerámica más tradicional, utilizando las técnicas de del pellizcado y lulo, podrás adquirir artesanías tradicionales inspiradas en la naturaleza, al tiempo que puedes disfrutar de una deliciosa exposición en el “Café-restorán Adobe”), “El Petroglifo” (una deliciosa tiendecita de artesanías donde puedes encontrar de todo lo que necesites para decorar tu casa de una forma artesanal, incluyendo también los accesorios necesarios para visitar la zona de Atacama, especialmente ropa de montaña) o “La Luna” (una de las tiendas más tradicionales de San Pedro y que cuenta con un amplio catálogo de artesanías chilenas especialmente refinadas), entre muchas otras tiendecitas que podemos encontrar en nuestro recorrido por el pueblecito de San Pedro, todas ellas llenas de artesanías y productos de la tierra, recuerdos indispensables de nuestra visita a la zona.
Pero, después de nuestro paseo por San Pedro, toca disfrutar de la gastronomía de la zona en “El Blanco”, el “Café Adobe”, “El Milagro” o la “Tierra”, entre otros, un catálogo de restaurantes y cafés que nos ofrecen artesanía en la mesa, a la par que nos permitirán disfrutar de la artesanía local en las exposiciones y decoraciones que adornan cada uno de estos cuidados locales. Una experiencia perfecta para quienes disfrutan del placer de viajar sin renunciar a la buena mesa.
Pero si te parecen pocos los atractivos de San Pedro, no cabe duda de que los encantos naturales que lo rodean te van a sobrecoger. Nos estamos refiriendo a la naturaleza en su estado puro, a paisajes diáfanos, profundos, que se pierden en el horizonte y que están prácticamente inexplorados por las duras condiciones para la vida que ofrecen, condiciones que, sin embargo, constituyen su mayor atractivo, recordando al viajero lo frugal de la vida y de su propia existencia cuando contempla espectáculos como el del Salar de Atacama, unas inmensas salinas en mitad del desierto y que antaño fueran un inmenso lago de unos 2.270 km2 que desapareciera por evaporación, dejando al descubierto la arena salada y blanca del desierto a más de 2.000 msnm.
Igualmente espectacular es el Valle de la Luna, a sólo unos 15 km de San Pedro. Se trata de un valle cuyo nombre ya nos indica que se trata de un paisaje lunar, sorprendente, a veces inquietante, en el que el silencio, tan sólo roto por el sonido del viento, nos sitúa ante la soledad más absoluta, frente a frente con la naturaleza y sus caprichos a la hora de cambiar el color y formas del paisaje por el efecto de la luz según la hora del día. Efectivamente, en el Valle de la Luna se puede disfrutar de un espectáculo de la naturaleza único, ya que, al atardecer, el color de los lejanos volcanes varía hacia al rojo intenso.
Pero no sólo el Valle de la Luna nos ofrece espectáculos visuales de este tipo, ya que las Lagunas Miscanti y Meñiques, situadas en pleno altiplano, a unos 100 km de San Pedro y con unas vistas espectaculares desde ellas del Salar de Atacama, nos ofrecen un espectáculo único con sus aguas de intenso color azul y orillas blancas y los flamencos que pueblan estas dos lagunas, así como la Tagua Cornuda, una especie endémica de este lugar y que se encuentra en peligro de extinción. Toda una explosión de colores y contrastes de vida en estos dos oasis en pleno desierto.
Y, desde luego, puedes contemplar toda la fuerza de la naturaleza a 95 km de San Pedro, en los Géisers del Tatio, una poderosa manifestación de la “Pachamama” (“Madre Tierra”) a más de 4.000 metros de altitud, generando por las mañanas un vistoso espectáculo de color los chorros de vapor de agua que salen disparados a más de 6 metros de altura, existiendo también la posibilidad de disfrutar de un relajante baño de aguas termales en pleno aire libre por el efecto de la proximidad del Volcán Tatio, algo que se agradece en este lugar especialmente frío a primeras horas de la mañana. Del mismo modo, otra de las manifestaciones de la fuerza de la “Pachamama” la tenemos en el Volcán Licancabur, situado a tan sólo 40 km de San Pedro y también conocido como “Cerro del Pueblo”, un volcán al que los Incas realizaban ofrendas, testigo de lo cual son los restos de altares y campamentos incas que se encuentran en los alrededores de su cráter.
Si Chile es un país que apasiona a los amantes de la aventura, un país en el que la naturaleza ofrece al viajero todos los contrastes y todos los climas de norte a sur, San Pedro de Atacama, desde luego, es el lugar perfecto para disfrutar de una experiencia única, el lugar perfecto para los viajeros solitarios que buscan enfrentarse a solas con la naturaleza en su estado más inóspito, para quienes buscan un viaje diferente, lejos de los circuitos tradicionales y masificados, para quienes quieren conocer unas culturas prehispánicas que desafiaron a los elementos estableciéndose en lugares en los que la vida resulta prácticamente inconcebible.
Si eres de los apasionados por descubrir nuevos mundos, por alcanzar nuevos horizontes, por superar nuevos retos; si eres de los que disfrutan de una noche limpia estrellada, pasando horas en su contemplación, en el silencio de la noche, sin más compañía que tus propios pensamientos; si eres de los que se emocionan considerando que conoces un lugar en el Mundo que pocos conocen, conservándolo en la propiedad de tu memoria; no cabe duda duda de que has de visitar San Pedro de Atacama y su desierto, un lugar que te va a sorprender en todos los sentidos y al que, seguro, querrás volver.
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La Calle de las Teterías de Granada
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![]() Desde la Calle de Elvira, desde la Calle de San Juan de los Reyes, desde la Calle de la Cárcel Baja o desde la Cuesta Marañas, el acceso a la Calle de las Teterías, de por si, es todo un encanto. La parte más antigua y más auténtica de Granada te lleva a uno de los lugares más encantadores del Albaicín. |
La Calle de la Calderería Nueva de Granada es más conocida como “La Calle de las Teterías”. Situada en el Barrio del Albaicín, esta calle está situada en el casco antiguo de la ciudad, en una de las zonas más auténticas de una ciudad que lo es de por si.
Llamada Calle de la Calderería Nueva porque en ella antaño se fabricaban y reparaban calderas de la forma más tradicional y en la que los artesanos granadinos hacían alarde de su arte y pericia atesorados tras años de oficio, basta pasear por ella para darse cuenta de que ni es ni “calle” ni “nueva”.
Efectivamente, más que de “calle” hay que hablar de “callejuela”, y más que de “nueva” hay que hablar de “vieja”. Ese contraste es, precisamente, el que da a esta calle un encanto especial, un sabor y una magia de siglos que se han conservado en este lugar de forma impasible tras el paso del tiempo.
La Calle de las Teterías es popularmente conocida así porque se encuentra jalonada, precisamente de teterías árabes, herederas de la antigua tradición islámica de Granada, en las cuales uno se traslada a otro lugar, a otro tiempo.
Calle bulliciosa pero tranquila al tiempo, de sonidos y silencios a la vez, en la que todos los sentidos se agudizan y relajan al tiempo. Té, pasteles árabes, zoco, …; la Calle de las Teterías hace volar la imaginación, trasladándote a siglos pasados en el centro mismo de Granada a través de sus aromas, sus sonidos, sus sabores y sus colores.
Desde la Calle de Elvira, desde la Calle de San Juan de los Reyes, desde la Calle de la Cárcel Baja o desde la Cuesta Marañas, el acceso a la Calle de las Teterías, de por si, es todo un encanto. La parte más antigua y más auténtica de Granada te lleva a uno de los lugares más encantadores del Albaicín. Puedes pasarte una mañana entera visitando uno de los lugares imprescindibles de Granada y sus calles aledañas, donde tendrás la sensación de aislarte del Mundo gracias a la magia de este lugar.
Ubicación de la Calle de las Teterías de Granada…
La Calle de las Teterías se encuentra repleta de lugares en los que disfrutar de la cultura árabe en su faceta más popular, comprando en sus panaderías, en sus pastelerías, visitando los talleres de los artesanos, comprando y regateando en las innumerables tiendas de artesanías que se acinan en los reducidos márgenes de esta calle. Es el lugar perfecto para envolverse en la magia de Granada.
Si la Alhambra de Granada es de visita obligada en cualquier viaje a Granada, sería imperdonable, sin embargo, no adentrarse en la zona más auténtica y encantadora de esta ciudad, donde vivirás una experiencia diferente y única.
Cualquier momento es perfecto para pasear por la Calle de las Teterías: ya sea por la mañana, paseando traquilamente por esta callejuela, disfrutando de sus tiendas, de un delicioso té con jazmín en cualquiera de las deliciosas teterías que podrás encontrar allí, o de un pastelillo de nueces con miel totalmente artesanal y que te trasladará a siglos pasados mientras saboreas la miríada de matices que atesora esa pequeña joya de la gastronomía árabe; ya sea de noche, especialmente los sábados, cuando esta callejuela rebosa de estudiantes universitarios que llenan cada uno de sus rincones en busca de evasión y diversión en uno de los rincones más privilegiados de Granada.
Si tienes la oportunidad de viajar a Granada, no lo dudes y visita la Calle de las Teterías. Una experiencia única en una de las ciudades más maravillosas de nuestra geografía.
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La Catedral de Notre-Dame de Amiens
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![]() Los atractivos de Amiens son múltiples, como es el caso de la Bahía de Somme, especialmente si se visita lomos de un caballo “Henson”, que es el caballo autóctono de la región, visita que es muy fácil de disfrutar gracias al gran número de centros en la zona que organizan los paseos a lomos de estos caballos, lo que nos permite disfrutar de un entorno natural único, especialmente al atardecer, regalándonos éste una experiencia difícil de describir. |
Amiens se encuentra situada al norte de Francia, en la Región de la Picardía, dentro del Departamento de Somme, Departamento que da también nombre al río que atraviesa la Villa.
Amiens por si misma cuenta con numerosos atractivos turísticos, lo que se acrecienta por su proximidad a París, convirtiéndolo en uno de los lugares predilectos por los parisinos para escapadas vacacionales o de fin de semana.
Los atractivos de Amiens son múltiples, como es el caso de la Bahía de Somme, especialmente si se visita lomos de un caballo “Henson”, que es el caballo autóctono de la región, visita que es muy fácil de disfrutar gracias al gran número de centros en la zona que organizan los paseos a lomos de estos caballos, lo que nos permite disfrutar de un entorno natural único, especialmente al atardecer, regalándonos éste una experiencia difícil de describir.
Igualmente, Amiens nos ofrece como atractivos indipensables la casa de Julio Verne (la cual es visitable) o los barrios de Saint-Leu y de Saint-Maurice, enmarcándose éstos y otros lugares de obligada visita en una de las Villas de más Historia y encanto de Francia (no en vano, Amiens está dentro del catálogo de “Villes et Pays d’Art et d’Histoire”, lo cual supone un marchamo de garantía a la hora de organizar un viaje por la Vieja Francia y que comparten otras Villas como Dieppe, Bastia, Dinard o Nimes). Todo ello aderezado por una gastronomía que, sin duda, hará las delicias de los mejores y más exigentes gourmets, elevándose el deleite por la cocina del norte de Francia a niveles inimaginables en un entorno arquitectónico, artístico y natural envidiables.
Pero de lo que no cabe duda es de que el atractivo que más destaca de Amiens es su Catedral de Notre-Dame, un imponente edificio gótico que es todo un símbolo en este estilo: además de ser la Catedral más grande y alta de este estilo en Francia, esta Catedral va a cerrar el estilo gótico clásico para este tipo de construcciones.
Ya sólo la vista exterior de la Catedral de Notre-Dame de Amiens nos traslada siglos atrás, situándonos en los inicios del siglo XIII, cuando comenzó la construcción de este impresionante edificio religioso bajo la influencia de la Catedral de Notre-Dame de París y la de Chartres, Catedrales a las que se asemeja en estilo y forma.
Efectivamente, sorprende de la Catedral de Amiens un impresionante rosetón perteneciente al llamado “gótico flamígero” (también conocido como “gótico tardío”, ya que constituyó la última etapa de este estilo, hallándose muy próximo al barroco por su gusto por la recreación y exaltación de los detalles), centrado en una cabecera encuadrada en el llamado “gótico radiante” (estilo del cual es uno de los máximos exponentes la Catedral de Beauvais) y elevándose la estructura sobre tres pórticos labrados y esculturales que se abocinan hacia el interior de una forma que abruma al visitante, invitándole a pasar al interior del templo, no sin antes admirar el blanco marfil de todo el edificio y las escenas labradas en los tres pórticos: El Juicio Final (pórtico central), San Fermín (pórtico izquierdo) y la Portada de la Virgen (pórtico derecho).
Una vez franqueada la entrada a la Catedral de Notre-Dame de Amiens, nos sorprende un crucero que se asienta sobre unos impresionantes pilares, conduciendo su planta inundada de luz natural, en forma de cruz latina, hacia la reja que proteje el dorado coro, igualmente iluminado por ese mar de luz, rodeado por absidiolos que acojen diferentes estatuas, rematándose el conjunto con dos inmensas esculturas barrocas decoradas en oro que representan el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Todo un deleite para la vista y, sobre todo, para el Espíritu.
Ubicación de la Catedral de Notre-Dame de Amiens…
Pero la belleza y espectacularidad de Notre-Dame de Amiens no sólo se encuentra en su fachada occidental o central y en su interior. Efectivamente, la Catedral de Amiens sorprende porque se trata de un edificio que podemos catalogar de “puro”, en el sentido de que no tiene ningún otro tipo de edificación adosada a ella que pudiera menoscabar su belleza y templanza, lo cual permite al visitante disfrutar de todo el edificio recorriendo sus diferentes fachadas sin ningún obstáculo que las ensombrezca. Y precisamente es en ese recorrido por las fachadas laterales donde el visitante podrá descubrir (en concreto, en la fachada sur) la llamada “Puerta Dorada de Amiens”, dedicada a la Virgen de Amiens (también llamada “Virgen Dorada”), la cual es objeto de una especial veneración en la Villa.
Tras tu visita a Notre-Dame de Amiens podrás comprender la razón por la que ha sido llamada por algunos “Catedral de Catedrales”. De una belleza sin igual, con el encanto propio de las Catedrales medievales, no es de extrañar que Notre-Dame de Amiens haya sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, situándose en uno de los edificios imprescindibles en el recorrido del gótico francés.
Con sus 200.000 m³ de volumen interior, sus 145 m de longitud exterior y los 42,3 m bajo la bóveda, Notre-Dame de Amiens es una de las joyas de la arquitectura medieval en Europa, un edificio religioso impresionante que nos obliga a plantearnos la fe y la religiosidad de la época, en la que no existían límites a la hora de construir al servicio de Dios; la belleza, la laboriosidad y lo trabajoso de los detalles de la Catedral son muestra de ello.
Pero igualmente sorprende el estado de conservación de Notre-Dame de Amiens. Efectivamente, la Catedral ha sufrido diversos avatares hasta llegar a nuestros días, destacando los bombardeos sufridos durante las dos Grandes Guerras Mundiales que dañaron las bóvedas y esculturas especialmente, siendo objeto de minuciosas restauraciones con posterioridad.
Al mismo tiempo, Notre-Dame de Amiens (como ocurre en los edificios de esta envergadura) ha experimentado a lo largo de su vida diversas restauraciones, aunque sorprende que el conjunto fue concluido dentro del mismo estilo gótico (en sus diferentes etapas), sin apenas influencias de otros estilos arquitectónicos o artísticos, más allá de las leves pinceladas del próximo barroco, a diferencia de lo que ha ocurrido con otras Catedrales europeas, en las que la larga duración de las construcciones ha dado lugar a la mezcla y combinación de diferentes estilos que contrastan entre si. Notre-Dame de Amiens pertenece al gótico en estado puro.
Y si de restauraciones hablamos, una de las más imaginativas y sorprendentes ha sido la llamada “Amiens, Catedral en colores”, consistente en un espectáculo de luz nocturno que realza la policromía de sus pórticos, restauración que nos descubre por medio de juegos de luz la belleza del colorido y desconocido colorido medieval sin tocar un ápice las esculturas de dichos pórticos. Un espectáculo que no te puedes perder.
Tras ocho siglos de Historia, Notre-Dame de Amiens continúa elevándose majestuosa hacia el cielo de la Villa, sorprendiendo a los visitantes de esta ciudad que conserva el encanto de las ciudades medievales, ciudad en la que se han sabido combinar a la perfección pasado, presente y futuro, ofreciendo al visitante la excusa perfecta para disfrutar de la Historia, el Arte, la Cultura y la Naturaleza con mayúsculas, en los que ocupa un lugar privilegiado la Catedral más bella e impresionante que jamás hubieras imaginado.
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La librería Shakespeare & Company de París
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Portada | Lugares únicos | La librería Shakespeare & Company de París
![]() Si no hubiera sido por esa casualidad en aquél paseo vespertino, ni por asomo me hubiese acordado de la recomendación de mi amigo. Sentí bastante curiosidad por aquella librería tan peculiar y, tras el fin de la representación teatral (bastante rara, por cierto), me adentré en la librería para ver qué me encontraba. |
En una ocasión, antes de viajar a París, un amigo me habló de una librería situada cerca de Notre Dame, frente al río Sena, como lugar de visita obligada para conocer el antiguo ambiente bohemio de París.
Se trataba de la librería Shakespeare & Company (popularmente conocida como “Shakespeare & Co.”), y, ante la insistencia de aquel amigo, me decidí a seguir su consejo, no sin considerar de forma prejudicial que se trataría de un consejo del típico “esnob” que pretende dárselas de intelectual recomendando algún lugar común, de ambiente literario y, por lo demás, insulso. Pensaba que se trataría de una librería de ambiente “chic” y nada más; “unos minutos mirando libros y cumplimos con la encomienda”, pensaba yo.
En mi viaje a París de cinco días, entre monumento por aquí, Torre Eiffel por allá, El Louvre por acullá, restaurantes y cefeterías por más acá, se me pasó totalmente la visita a la dichosa librería que me recomendara mi amigo, hasta que una tarde, paseando por las orillas del Sena, en concreto por la Rue Bûcherie, frente a la Lle de la Cité, me llamó la atención el jolgorio que provenía de un pequeño local de aspecto especialmente desaliñado y desvencijado; se trataba de una especie de representación teatral que tenía como escenario la fachada y la entrada a ese local. Me aproximé y tras unos minutos pensando “estos hippies desaliñados, seguro que son okupas”, me fijé en el cartel amarillo de la entrada en el que se podía leer “Shakespeare and Company”.
Si no hubiera sido por esa casualidad en aquél paseo vespertino, ni por asomo me hubiese acordado de la recomendación de mi amigo. Sentí bastante curiosidad por aquella librería tan peculiar y, tras el fin de la representación teatral (bastante rara, por cierto), me adentré en la librería para ver qué me encontraba.
El interior no decía nada especial, salvo el desaliño y desorden que la presidía, el apelotonamiento de los libros que supuestamente se vendían, esta librería no difería en nada de cualquier otra librería de casco antiguo de una gran ciudad, aunque, claro está, con el encanto y la magia del viejo París.
Tras unos minutos en el interior, cotejando algunos ejemplares bastante viejos, alguno de los cuales creo yo debía tener un precio exhorbitante por tratarse de una joya de la antigüedad, a pesar de lo cual se encontraba tirada por el suelo, salí de la librería decidido a volver al día siguiente con un poco más de tiempo, continuando con mi interrumpido paseo por el Sena.
A la mañana siguiente volví a emprender un nuevo paseo por el Sena, desde la perspectiva del encanto matutino de París y, sobre las 11.30 horas de la mañana, volví a plantarme frente a la librería Shakespeare & Company, la cual ahora sí presentaba más apariencia de librería que la tarde anterior.
Ubicación de la librería Shakespeare & Company de París…
Efectivamente, junto a la puerta de entrada, apoyada en una pared lateral, había una estantería de madera con libros, igual de viejos y deteriorados que los que puede ver la tarde anterior en su interior, algunos de los cuales, desde luego, debían tener un precio incalculable por su pinta, dando la impresión de que el interior de la librería se proyectaba hacia el exterior, de que la calle formaba parte también de aquélla.
Tras ojear algunos libros de esa estantería, y mirando de reojo hacia el interior de la librería, no sin dejar de fijarme en dos bancos de madera que flanqueaban la entrada y que invitaban a sentarse en ellos para leer un libro de la referida estantería (sólo faltaría un buen café parisino para que la mañana fuese completa), me decidí a volver a entrar en la librería por ver si encontraba algún libro interesante que echarme al zurrón, aunque, la verdad, mi curiosidad era mayor aliciente que otra cosa: ¿dónde estaba toda esa gente que representaba la obra de teatro de la tarde anterior y que despareció en el interior de la librería como por arte de magia?
En el interior de la librería sólo habían dos o tres personas ojeando libros, pero, aparentemente, nadie atendía a los clientes. No sé si se debe a la típica picardía española, pero lo primero que se me vino a la mente era cuán fácil sería llevarse algún “incunable” de los que aparecían amontonados, o, más aún, de los que se exponían en la estantería del exterior. Sin embargo, la librería tenía algo que te impedía llevar a la práctica esos pensamientos, un encanto peculiar que emanaba de las columnas y ríos de libros llenos de polvo, algunos de ellos sin lomo, que contrastaban con las últimas novedades editoriales que se apilaban junto a la caja registradora.
Estuve aproximadamente una hora mirando y remirando libros, sin encontrar ninguno en castellano, de modo que, como ni mi inglés ni mi francés son aptos para la lectura (para casi nada, en realidad), decidí abandonar la librería e ir a tomar un café en alguna cafetería cercana y, desde luego, fumarme un cigarrillo en una terraza al sol primaveral de París.
De vuelta a España me reencontré con el amigo que me recomendó la visita a la librería Shakespeare & Company y le comenté que, efectivamente, estuve en ella. Me estuvo preguntando detalles sobre la misma, sobre los personajes supuestamente extraños que la habitan, por George Whitman y por no sé qué más. Ante tanta pregunta me daba la impresión de que me había perdido algo.
Efectivamente, la curiosidad despertó en mí y me dispuse a buscar más información sobre esta librería por Internet. Adombroso el resultado: páginas y páginas que hablaban sobre esta librería y su historia. Sin habérmelo propuesto había estado en uno de los lugares que representan la esencia del París más bohemio y no me había dado ni cuenta.
La primera página con la que me encontré fue, precisamente, con la página oficial de la librería Shakespeare & Company, en la que pude conocer bastante sobre la historia y los orígenes de esta emblemática librería parisina que trasciende a la propia Ciudad de la Luz, así como sobre su peculiar, extravagante e istriónico propietario George Whitman, quien, a cambio de trabajo en su librería, ofrece a los jóvenes que pretenden ser escritores, a quienes pretenden formar parte de las artes y la cultura parisinas o, simplemente, a quienes sólo quieren vivir una aventura bohemia en París, comida y alojamiento entre las montañas de libros llenos de polvo que se agolpan en las estanterías y suelos de la librería, recibiendo como pago, sencillamente, formar parte de la Historia del París más bohemio, así como algún que otro grito del hilarante George Whitman.
Premiado en el Festival de Literatura 2006 por el Ministro Francés de Cultura con el “Officier des Arts et Lettres”, George Whitman acoge en su librería a lo más variopinto de todo el Mundo: bohemios en busca de la experiencia parisina, “hijos de papá” que sólo buscan el “episodio rebelde” de su vida antes de colocarse al frente de los negocios familiares, escritores noveles en busca de una oportunidad, adictos a las sustancias psicotrópicas más variadas que buscan como escape la literatura, … Todo un universo de personajes de lo más variado que viven en la Shakespeare & Company y que la convierten en algo más que una librería.
Un lugar único en París, desconocido por la mayoría de los turistas que viajan a esta ciudad y que, sin embargo, constituye la verdadera esencia del París más bohemio y auténtico. No te lo pierdas ahora que ya conoces algo más que yo conocía en mi visita a este lugar único.
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El Jirón de la Unión de Lima
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Portada | Lugares únicos | El Jirón de la Unión de Lima
![]() Puedes dedicar toda una mañana a pasear por el Jirón de la Unión, disfrutando sus sonidos y de su ambiente, de los innumerables comercios de todo tipo que lo jalonan, ya sean modernos, ya sean de lo más tradicional, de sus bodegas y bodeguitas, de sus cafés, de sus restaurantes, de sus innumerables cabinas de Internet, … El Jirón de la Unión está lleno de vida. |
El escritor peruano Abraham Valdelomar dijo: “El Perú es Lima y Lima es el Jirón de la Unión”. Con esta frase se describe a la perfección lo que supone Lima para Perú y lo que, a su vez, representa el Jirón de la Unión para Lima y Perú.
Situado en el centro histórico de Lima y arrancando de su Plaza de Armas y llegando hasta el río Rímac, el Jirón de la Unión representa el criollismo más puro y que mejor identifica a la vieja y más auténtica Lima colonial.
Histórico punto de encuentro de la aristocracia limeña (en la Plaza de Armas se encuentra el exclusivo y al tiempo bohemio “Club de la Unión”), lugar imprescindible para quien pretendiera ser algo en esta ciudad, hoy sigue conservando ese sabor auténtico a marinera y chabuca, concentrándose en su recorrido buena parte de la herencia de la antigua “Ciudad de los Reyes” que sigue proclamando el escudo de la ciudad.
El Palacio de Gobierno del Perú, el Parque de la Bandera, el Palacio Municipal, la Plazoleta de La Merced, la Avenida Emancipación, …, todo envuelve el encanto y la magia del Jirón de la Unión, un lugar imprescindible para conocer y formar parte de la Historia de Lima.
Puedes dedicar toda una mañana a pasear por el Jirón de la Unión, disfrutando sus sonidos y de su ambiente, de los innumerables comercios de todo tipo que lo jalonan, ya sean modernos, ya sean de lo más tradicional, de sus bodegas y bodeguitas, de sus cafés, de sus restaurantes, de sus innumerables cabinas de Internet, … El Jirón de la Unión está lleno de vida.
El trasiego de los viandantes y la efervescencia de su vida comercial durante el día contrastan con sus noches. Cuando llega el atardecer a Lima, alcanzar la Plaza de Armas desde el Jirón de la Unión es toda una experiencia; la actividad del día comienza a ralentizarse, inundándolo una dulce melancolía que atrapa al paseante con su encanto, con el colorido de sus fachadas atenuado por la media luz del atardecer, con las primeras luces que se encienden en las estancias de los edificios con más Historia y solera de Lima, convirtiéndose así el Jirón de la Unión con el ocaso del día en un lugar para la ensoñación.
Ubicación del Jirón de la Unión de Lima…
A pesar de que el Jirón de la Unión hace años que perdió ya su carácter exclusivo y aristocrático, popularizándose y democratizándose, es precisamente su Historia pasada lo que continúa imprimiéndole un carácter especial que lo diferencia de otras zonas de Lima. Tal vez la cercanía de la Plaza de Armas, de la Catedral y del Club de la Unión continúan otorgando al Jirón de la Unión un valor simbólico como resquicio del pasado, pero lo cierto es que, por si mismo, el Jirón de la Unión tiene una magia especial que te atrapa y que te obliga a volver una y otra vez a pasear por sus losas blancas y negras en la zona más cercana a la Plaza de Armas.
Un café en el Jirón de la Unión a media mañana, sentado en una de las terrazas de alguna de sus cafeterías, te ofrece la oportunidad de meditar sobre el pasado glorioso de Lima, cuando era el punto de referencia en América del Imperio Español y cuando el Callao constituía el cordón umbilical entre España y las Américas. Pasear por la zona histórica de Lima a partir del Jirón de la Unión te da la oportunidad de revivir nuestro pasado colonial, de evocar aquellos siglos en los que el precio de la alpaca, de los tejidos más finos y de las preciadas especias que llegaban a España se negociaba en este lugar. En ese momento te das cuenta de que el Jirón de la Unión también forma parte de tu propia Historia.
Más allá de la Lima monumental, de los lugares comunes para el turismo, esta ciudad encierra lugares tan encantadores como el Jirón de la Unión, llenos de Historia, que encierran las esencias del Perú más auténtico y tradicional, lugares que no puedes dejar de visitar para conocer más sobre este impresionante país que también forma parte de nuestra Historia y nuestra tradición.
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Calle Ocho de Miami: “La Pequeña Habana”
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![]() La Calle Ocho de Miami, de esta forma, fue reproduciendo los iconos la vieja Habana, esforzándose los cubanos de Miami en recrear el ambiente, las tradiciones y los lugares comunes que dejaron atrás, en el ambiente de hermandad que caracteriza a todo aquél que se encuentra en tierra extraña y que lo une de una forma muy especial con sus paisanos. Tras los años fue forjándose lo que se conoce hoy como “La Pequeña Habana”. |
En la SW 8th St de Miami (“Calle Ocho de Miami”) se encuentra “La Pequeña Habana”, lugar donde llegaron los primeros exiliados cubanos tras el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959. Sin embargo, decir que la Calle Ocho de Miami es el refugio del exilio cubano tras la Revolución Castrista es reducir el significado e importancia de este lugar a un tópico.
Ciertamente, Miami fue el lugar escogido por los primeros exiliados cubanos que huyeron a los EE.UU. tras los primeros días del triunfo de la Revolución en Cuba, por lo que se convirtió, en un primer momento, en el lugar escogido por los partidarios del Régimen de Batista para refugiarse tras su salida de Cuba.
Sin embargo, pronto numerosos partidarios de la Revolución Cubana en sus inicios abandonaron la isla tras quedar defraudados por el rumbo que tomaba la Revolución, considerando que Castro y “El Che” habían abandonado el espíritu y principios revolucionarios iniciales, perdiéndose toda esperanza de que Cuba se convirtiese en un ejemplo democrático en el Caribe. Esa segunda oleada de exiliados cubanos recaló igualmente en Miami, por lo que la ciudad comenzó a adquirir unos tintes inequívocamente latinos y, en concreto, su SW 8th St, en la cual fueron asentándose las sucesivas oleadas de exiliados cubanos que llegaban a los EE.UU.
De esta forma, la SW 8th St de Miami fue convirtiéndose, progresivamente, en la “Calle Ocho”, la cual irá nutriéndose de forma progresiva de más y más cubanos, ya fueran perseguidos políticos, ya fueran, sencillamente, gentes en busca de una vida mejor.
La Calle Ocho de Miami, de esta forma, fue reproduciendo los iconos la vieja Habana, esforzándose los cubanos de Miami en recrear el ambiente, las tradiciones y los lugares comunes que dejaron atrás, en el ambiente de hermandad que caracteriza a todo aquél que se encuentra en tierra extraña y que lo une de una forma muy especial con sus paisanos. Tras los años fue forjándose lo que se conoce hoy como “La Pequeña Habana”.
“Batistianos”, “Profesionales”, “Marielitos” y “Balseros” son las grandes oleadas que han ido conformando el espíritu de la Calle Ocho de Miami, los que han ido forjando esta Pequeña Habana, todos con unas motivaciones diferentes para abandonar Cuba, e incluso con ideologías radicalmente diferentes, pero con un objetivo común una vez en Miami: recrear su Cuba natal.
Tabaco, café fuerte, santería, gastronomía, dominó cubano, música, salsa, …, todo recuerda a La Habana en esta parte de los EE.UU., donde es muy difícil encontrar a alguien que no hable español y donde uno se siente en cualquier otro lugar menos en los EE.UU.
Ubicación de la Calle Ocho de Miami…
El 9 de marzo de 1978 el Club Kiwanis de La Pequeña Habana organizará el “Primer Festival de la Calle Ocho”, con el objetivo de canalizar todo el rebosante espíritu latino de la Calle Ocho hacia una fiesta de hermandad de la comunidad cubana de Miami, Festival que se irá consolidando con los años hasta convertirse hoy en la mayor fiesta de la Comunidad Hispana en los EE.UU., reuniendo no sólo a los cubanos de Miami sino también a la miríada de latinos (colombianos, peruanos, ecuatorianos, …) que han ido sumándose al puzzle latino que es hoy la Calle Ocho.
Tiene lugar así un carnaval latino impresionante, donde los latinos residentes en Miami desfilan a lo largo de la Calle Ocho bailando, bebiendo, comiendo, compartiendo y disfrutando de un ambiente de fiesta y hermandad incomparable, en el que resulta muy difícil resistirse a participar y sumergirse en la sensualidad de los ritmos latinos que te envuelven.
Y, a la vista de esta importantísima comunidad latina en los EE.UU., de la que participan abiertamente los propios norteamericanos de orígenes no latinos, comprometiéndose e identificándose con ella, cabe preguntarse quién falta aquí, en este ambiente hispano, en el que se habla español, en el que se comparten tradiciones y la cultura hispana y en la que todo hispanohablante es bienvenido. Sí, efectivamente, faltan los españoles ¿Qué complejos arrastramos los españoles? ¿Por qué los hispanos se sienten orgullosos de las tradiciones y la cultura que les legamos hace más de 500 años y, nosotros, precisamente nosotros, damos la espalda a esta comunidad tan importante y creciente que representa el segundo idioma más hablado del Mundo? ¿Por qué los españoles nos esforzamos en parecernos y asimilar las costumbres de los norteamericanos, dando la espalda a nuestros hermanos latinoamericanos? ¿Por qué asociamos Miami a todo, exceptuando a su potentísima comunidad latina?
Probablemente, como indicamos, se trate de complejos que arrastramos desde hace años y que nos convierten en los creadores de una cultura con la que no queremos o no sabemos identificarnos, pendientes siempre de las modas que nos imponen desde el exterior.
Basta darse una vuelta por el “Paseo de la Fama de la Calle Ocho”, en el que, junto a Gloria Estefan, Tito Puente, Celia Cruz, Raúl Velasco o Luis Miguel, entre muchísimos otros, aparecen los nombres y estrellas de tan sólo Julio Iglesias, Raphael y Rocío Jurado como españoles que nos representan en esta comunidad latina. ¿Dónde están los demás? Probablemente no está de moda ser latino en España, pero, seguramente, las cosas cambiarán, ya que sí lo está en EE.UU. y, como siempre, adoptaremos lo que nos viene de fuera, pero, esta vez, como algo prestado, siendo lo más sangrante que nosotros somos, precisamente, quienes dimos origen a esa riquísima cultura latina.
En cualquier caso, si viajas a Miami, no dudes en darte un paseo por la Calle Ocho y sumergirte en el ambiente latino que lo inunda, en hacerte partícipe de una de las comunidades más amplias y pujantes en los EE.UU. y que más influencia tendrá en el futuro. Te darás cuenta de que falta alguien en ese corolario de la cultura hispana: nosotros, los españoles. ¿Por qué no empezamos a cambiarlo?
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