Chile en el “Círculo de Fuego”
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![]() Efectivamente, los terremotos son quizás los fenómenos de la naturaleza más temidos, los cuales, ignorados durante años, se van larvando poco a poco en el subsuelo, bajo nuestros pies, acumulando energía día tras día, año tras año, preparando su cóctel de muerte y destrucción… |
El terremoto del pasado día 27 de febrero en Chile nos volvió a traer imágenes de destrucción y de dolor como lo hiciera el también reciente terremoto de Haití, al tiempo que nos ha recordado lo frágil de la condición humana y lo evanescente de nuestros sueños y logros, los cuales pueden quedar destruidos en pocos minutos como consecuencia de la poderosísima liberación de energía desde las entrañas de la Tierra en que consiste un terremoto, uno de los fenómenos de la naturaleza más impredecibles con exactitud, si bien, sabemos que a ciencia cierta algún día se producirá, lo que lo convierte en más inquietante todavía.
Efectivamente, los terremotos son quizás los fenómenos de la naturaleza más temidos, los cuales, ignorados durante años, se van larvando poco a poco en el subsuelo, bajo nuestros pies, acumulando energía día tras día, año tras año, preparando su cóctel de muerte y destrucción, el cual se verá más magnificado cuanto mayor sea la confianza y la despreocupación por el fenómeno de quienes habitan en la superficie, especialmente si de las autoridades hablamos, tal y como ocurrió precisamente en el caso del terremoto de Haití.
De esta forma, el tiempo y la confianza son los mayores aliados de los efectos devastadores de un terremoto, ya que, cuanto más tiempo pase entre sismo y sismo, el olvido dará paso a la confianza, recordándose así el anterior terremoto como algo del pasado que sólo está en los libros de Historia, como algo muy lejano que, desde luego, a nosotros no nos puede ocurrir. Ese olvido y esa confianza provocados por el paso del tiempo y la lejanía del anterior sismo, son los que provocarán mayor destrucción cuando se produzca el siguiente terremoto de gran intensidad.
Siendo así la certeza de que algún día se volverá a producir un gran terremoto, y que cuanto más tiempo pase entre seísmo y seísmo sus efectos serán peores, no alcanzamos a comprender la desidia de algunos países situados en lugares especialmente propensos a sufrir grandes terremotos, como es el caso de Chile o, también, el de Perú, países ubicados en lo que se llama el “Círculo de Fuego” del Pacífico, justo en el borde de la Placa de Nazca, en la zona de subducción bajo la Placa Sudamericana, lo que ha dado origen a la cordillera de los Andes y a la fosa chileno-peruana, algo que nos da idea de la cantidad de energía que se acumula en esta zona y que se libera periódicamente en forma de potentes terremotos especialmente destructivos, como fue el caso del terremoto de Valdivia de 1960, cuya magnitud superó los 9,5º en la Escala de Richter, el más potente registrado hasta la fecha.
Falsas alarmas de tsunami o inexistentes alarmas de tsunami cuando éstas eran necesarias; edificios de viviendas construidos hace apenas dos años totalmente destruidos; descoordinación en el envío de ayuda humanitaria a las zonas más afectadas por el terremoto; descoordinación en la seguridad ciudadana tras el terremoto; … Son algunos ejemplos de lo indicado, demostrando la falta de preparación de Chile para afrontar un terremoto de magnitud importante, lo que, trasladado al caso de Perú nos deja un panorama mucho más sombrío, ya que así lo demostró el terrible terremoto de Ica de 2007, ciudad ésta que, junto a la de Pisco, todavía tiene por reconstruir aspectos tan básicos como sus hospitales, a lo que se une un reciente estudio que indica que, si el terremoto de Chile del pasado 27 de febrero hubiese sido en Lima, los efectos en la capital peruana hubiesen sido devastadores, especialmente para zonas como El Callao, el cual hubiese quedado totalmente destruido ante un eventual tsunami por la total inexistencia de un sistema de prevención temprana de este tipo de fenómenos tras un seísmo de gran magnitud.
Ciertamente, tampoco se puede exigir países como los mencionados niveles de alerta y de prevención como los que ostentan países como los Estados Unidos o Japón, ya que las diferencias económicas son más que evidentes y, por ende, las posibilidades de implementar estos mecanismos. Sin embargo, nada obsta a que en estos países se lleve a cabo un verdadero y eficiente control de las edificaciones para que cumplan un mínimo de la normativa antisísmica ya existente, para que la inspección de las construcciones actúe con eficiencia y se implementen sistemas de emergencia organizados que minimicen el impacto de un terremoto de gran magnitud como el de 8,8º acaecido en Chile hace unos días.
Sin embargo, y a pesar de la desidia de las autoridades de estos países, Chile no es comparable a países como Haití o los situados en el sudeste asiático, en el otro extremo del “Círculo de Fuego”, países generalmente desestructurados socialmente, con unos órganos de gobierno ausentes en este tipo de catástrofes y en los que ha de ser la población afectada la que se las arregle por si misma para obtener las ayudas procedentes de la solidaridad internacional. Efectivamente, Chile está demostrando una estructura como país, tanto a nivel cívico como a nivel administrativo y político, a pesar de las deficiencias que hemos criticado, una estructura que le permitirá superar rápidamente las consecuencias del terremoto, tal y como lo está haciendo en los últimos días, ya que se está restableciendo la casi totalidad de las comunicaciones y de las redes eléctricas, a lo que se une el hecho de que las instituciones políticas del país han asumido el lugar que les corresponde tomando el timón de la nave, tanto la Administración saliente de Michel Bachelet como la entrante Sebastián Piñera, para la reconstrucción de las zonas afectadas, si bien, lo más importante es el compromiso de todos por mejorar el sistema de prevención y de alerta temprana para tsunamis con el fin de que no vuelvan a repetirse situaciones tan trágicas como la de la Isla de Juan Fernández, ya que la mayoría de las víctimas del terremoto del 27 de febrero no se produjeron como consecuencia directa e inmediata del seísmo, sino como consecuencia del tsunami posterior que no fue avisado por las autoridades pertinentes en un claro ejemplo de descoordinación que, lamentablemente, costó numerosas vidas.
Este terremoto de Chile debería servir como ejemplo a otros países de la zona especialmente sensibles sísmicamente, sobre todo al vecino Perú, países que se ubican al borde de la Placa de Nazca, una de las más activas de la zona, ya que se hunden a gran velocidad geológica, y cuyas tensiones cuando se liberan provocan efectos devastadores, efectos que, seguro, en un futuro, volverán a producirse, ya que, a pesar de que sea imposible predecir la fecha concreta de un terremoto, sí se puede indicar, sin lugar a error alguno, dónde se producirá un terremoto de gran magnitud, el próximo gran terremoto, siendo alguno de los países situados en el llamado “Círculo de Fuego” el que se verá afectado con total seguridad.
Publicado el 7 de marzo de 2010
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