Cómo prevenir el “mal de la clase turista”


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Cómo prevenir el mal de la clase turista
Lo que resultaba claro era que este mal estaba provocado por la formación de coágulos en la sangre de las extremidades inferiores que, por el bombeo propio del corazón al recobrarse la movilidad, llegaban hasta los pulmones, el corazón o el cerebro, provocando así unos daños muy graves que podían conducir a la muerte del paciente.
 

 

En nuestras recomendaciones de viaje nos ocupamos del llamado “mal de la clase turista” o “síndrome de la clase turista” y de cómo prevenirlo.

Este mal de la clase turista afecta, fundamentalmente, a los viajeros que utilizan el avión en los vuelos intercontinentales, debido a la gran cantidad de horas de duración de dichos vuelos, aunque nada impide que también pueda afectar a los viajeros que utilizan otra clase de transportes, siempre que la duración del viaje sea mayor de 4 horas.

Este síndrome se detecta por primera vez con la muerte de Emma Christofferson, una joven británica de apenas 30 años que realizó un viaje de casi 20 horas en clase turista. De no ser por su joven edad, el caso podría haber pasado como cualquiera otro de muerte de un viajero a consecuencia de su avanzada edad o por otro tipo de problemas crónicos. Sin embargo, la muerte de una persona tan joven hizo que saltara la alarma entre los médicos y se comenzase a investigar sobre las repercusiones de este mal.

 

 

Causas y grupos de riesgo del mal de la clase turistaCausas y grupos de riesgo del mal de la clase turista…

El caso de Emma Christofferson puso sobre la pista de este síndrome a los médicos, comenzándose a investigar sobre este caso y algunos anteriores en los que también se produjeron muertes de viajeros que utilizaron vuelos intercontinentales de larga duración y que tenían una difícil explicación.

Tras esas investigaciones se determinó que todos esos casos respondían a un nuevo síndrome: la Trombosis Venosa Profunda. Este síndrome se asoció, en un principio, exclusivamente a las largas horas de este tipo de vuelos y a los largos períodos en los que los viajeros permanecían sentados en las estrecheces de sus asientos en clase turista. Sin embargo, en 1994, el Vicepresidente de los EE.UU., Dan Quayle, también sufrió este síndrome a pesar de viajar en primera clase, tras varios vuelos cortos seguidos, lo que hizo replantearse a los médicos las causas de este mal.

Lo que resultaba claro era que este mal estaba provocado por la formación de coágulos en la sangre de las extremidades inferiores que, por el bombeo propio del corazón al recobrarse la movilidad, llegaban hasta los pulmones, el corazón o el cerebro, provocando así unos daños muy graves que podían conducir a la muerte del paciente.

Resultaba clave, por tanto, que la inmovilidad prolongada era un factor importante en este síndrome, lo cual coincidía, precisamente, con los viajeros de vuelos de gran duración en clase turista, debido, precisamente a la estrechez de los asientos en esta clase y las largas horas de inmovilidad en este tipo de viajes. Pero, como consecuencia de ese factor, este mal de la clase turista también es aplicable a cualquier viaje que tenga una gran duración y que nos obligue a estar sentados durante muchas horas en la misma posición, ya sea en coche, en tren o en autobús. No obstante, el síndrome de la clase turista tiene un impacto especial en los vuelos porque los cambios de presión y el menor oxígeno en los mismos contribuyen especialmente a su aparición.

 

 

Sin embargo, también resultaba claro que esa inmovilidad prolongada no era el único factor determinante en la aparición de este síndrome y sus consecuencias, ya que a todos los viajeros no afectaba por igual y el número de afectados era realmente bajo en proporción a los millones de personas que anualmente realizan este tipo de viajes. Por tanto, existían y existen más factores y causas que determinan la aparición de este síndrome, el cual ha de circunscribirse a una serie de grupos de riesgo, los cuales han de estar especialmente alerta cuando vayan a realizar este tipo de viajes de larga duración:

  • Fumadores: Obviamente, tratándose de un problema circulatorio, los grandes fumadores han de preocuparse especialmente y tomar medidas para prevenir este mal de la clase turista.
  • Mujeres y embarazadas: Las mujeres son también un grupo de riesgo a tener en cuenta, especialmente si siguen tratamientos con hormonas, toman anticonceptivos orales o están embarazadas.
  • Edad: Superar los 40 años de edad constituye también un factor de riesgo.
  • Intervenciones o accidentes recientes: El haber sufrido un accidente o haber sido sometido a cirugía, en ambos casos de forma reciente, que afecten a extremidades inferiores o abdómen, también son factores de riesgo a tener en cuenta.
  • Tener varices: El hecho de tener varices ya nos advierte que somos propensos a la formación de coágulos en las extremidades inferiores, por lo que deberemos tener especial precaución en estos casos.
  • Obesidad: Obviamente, la obesidad es uno de los factores a tener en cuenta especialmente.
  • Cáncer: El padecer cáncer es también un factor de riesgo por razón de la medicación. No obstante, depende del tipo de cáncer y el tratamiento, por lo que es conveniente que consultes con tu médico si te encuentras en esta situación.
  • Antecedentes familiares: Si tienes antecedentes familiares de trombosis también podrías estar en el grupo de riesgo.

En todo caso, si estás en alguno de estos grupos de riesgo, siempre será conveniente que consultes con tu médico y te facilite algunas pautas a seguir para prevenir posibles problemas en tu viaje. Obviamente, hay uno de estos factores de riesgo que sí es fácilmente evitable: el tabaco.

 

 

Cómo evitar el mal de la clase turistaCómo evitar el mal de la clase turista…

El hecho de estar en alguno de esos grupos de riesgo, sin embargo, no significa que no se pueda viajar con toda tranquilidad y sin problemas. Lo único que hay que hacer es tomar una serie de prevenciones y llevar a cabo una serie de prácticas durante el viaje para evitar la formación de coágulos. Ten en cuenta que el mal de la clase turista sólo afecta, estadísticamente, a un viajero entre cada millón, por lo que tampoco hay que alarmarse.

Como medidas de prevención que hay que tomar para evitar este síndrome de la clase turista, podemos mencionar:

  • Dejar de fumar: Como hemos indicado antes, el tabaco es uno de los factores de riesgo que fácilmente se pueden evitar dejando de fumar.

  • Beber agua y zumos: Una de las mejores formas de evitar la formación de coágulos en la sangre es ingerir gran cantidad de líquidos. Si viajas en avión no dudes en pedir a las azafatas la cantidad de agua y zumos que te apetezca, ya que tu salud es lo primero.

  • No beber alcohol: Cuanto menos alcohol bebas mejor, y si no bebes nada durante el vuelo mucho mejor.

  • No llevar ropa apretada: Evita las ropas ajustadas. Cuando haces un viaje largo no es necesario que viajes como un pincel y con tus mejores galas. Lo mejor para los vuelos de larga duración y, en general, para todo tipo de viajes de este carácter, sean aéreos o terrestres, es utilizar ropa muy cómoda, como zapatillas de deporte y chándal. Además, que no te dé vergüenza el descalzarte durante el viaje si notas que te aprietan o molesta el calzado.

  • Hacer ejercicios: durante el viaje es conveniente realizar ejercicios con los pies, moviéndolos y rotando los tobillos, así como con las rodillas. Asimismo, es indispensable que te levantes de vez en cuando y des paseos a los largo del pasillo del avión, muevas los brazos y hagas movimientos ligeros para mejorar la circulación sanguínea. Te repetimos que la vergüenza la debes dejar en tierra, ya que lo primero es tu salud.

  • Tomar aspirina: Como anticoagulante, el ácido acetilsalicílico es muy recomendable para evitar la formación de trombos, tomándolo antes, durante y después del viaje. En todo caso, consulta con tu médico si tienes contraindicaciones.

En cualquier caso, se trata de medidas de sentido común, ya que, estés o no en alguno de los grupos de riesgo que antes mencionábamos, las prácticas que te recomendamos son especialmente saludables en un viaje de larga duración. Además, no es nada recomendable pasar, por ejemplo, 10 horas seguidas sentado sin moverse, por lo que levantarse, moverse y refrescarse durante el vuelo o viaje es lo que se debe hacer en todo caso.

 

 

Qué hacer ante los síntomasQué hacer ante los síntomas…

El problema del mal de la clase turista es que, en la mayoría de los casos, no ofrece síntomas visibles hasta que se produce una embolia. No obstante, si durante el vuelo sentimos mareos, dolores en el pecho o fuertes dolores de cabeza, calambres, hinchazón de piernas o pantorrillas, no cabe duda que tenemos que comunicarlo inmediatamente al personal de cabina y ponernos en manos del médico en cuanto lleguemos al lugar de destino.

Efectivamente, los síntomas del síndrome de la clase turista, por definición misma de esta enfermedad, se manifiestan cuando la circulación sanguínea vuelve a la normalidad, tras finalizar el viaje y, por tanto, cuando estamos ya lejos de las estrecheces e incomodidades del avión. Esos síntomas se suelen manifestar con dolores de pecho, mareos o dolores de cabeza, calambres nocturnos, hinchazón de las extremidades inferiores y coloración azulosa o rojiza de la parte afectada, así como exceso de calor. Puede ser que esos síntomas no se manifiesten en conjunto, pero si se nos presenta alguno de ellos o cualquier otra sensación de malestar, conviene visitar inmediatamente al médico para que nos examinen.

 

 

En todo caso, has de recordar que los síntomas de este síndrome se pueden manifestar varias horas después del viaje, e incluso días, por lo que no dejes pasar cualquier sensación de malestar sin darle importancia.

En cualquier caso, no conviene que te obsesiones con este síndrome de la clase turista, ya que, como te hemos indicado, el porcentaje de incidencia es muy bajo. Si llevas a la práctica las recomendaciones que te hemos dado y tienes en cuenta las precauciones que hemos enumerado, podrás disfrutar de tu viaje sin ningún contratiempo.

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