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Aug 10

EEUU inicia una campaña para aumentar el turismo

La promoción, que comenzó en Canadá, Japón y Reino Unido, apuesta por aumentar la difusión exterior de su oferta turística a través de los medios convencionales y su presencia diplomática en 192 países, pero también potenciar rutas turísticas menos conocidas, por lo que está cooperando con administraciones locales.


El objetivo de EE.UU. es conseguir 100 millones de visitantes en 2021, para lo cual se ha iniciado una campaña de atracción turística hacia el gigante del norte que va mucho más allá de las típicas campañas publicitarias. Así, el Gobierno de los EE.UU. ha presentado un ambicioso plan para lograr un crecimiento del 50% en el número de visitantes internacionales antes de finales de 2021, un plan que había sido anunciado en enero pasado por el Presidente Barack Obama.

El plan que acelerará el turismo en Estados Unidos

Como indicamos, el ambicioso plan que han presentado el titular de Comercio, John Bryson, y el Secretario de Interior, Ken Salazar, va más allá de una simple campaña publicitaria en el exterior, con medidas que buscan mejorar la imagen del país, como mostrarse más amables en los aeropuertos en el trato a los viajeros.

La promoción, que comenzó en Canadá, Japón y Reino Unido, apuesta por aumentar la difusión exterior de su oferta turística a través de los medios convencionales y su presencia diplomática en 192 países, pero también potenciar rutas turísticas menos conocidas, por lo que está cooperando con administraciones locales. Estos pasos se complementan con las medidas y acuerdos ya iniciados para que los procesos burocráticos dejen de ahuyentar a algunos turistas con intención de viajar a EE.UU.: se reduce el tiempo de espera para conseguir los visados desde algunos países y para realizar la tramitación por parte del Departamento de Estado. Quizás esta iniciativa debieran copiarla países como España, un país que vive en buena medida del turismo (más ahora con los tiempos que corren) y que se empeña en maltratar a los turistas que se acercan a sus consulados en el exterior para pedir visados de turista, los cuales son denegados de forma sistemática, lo cual viene perjudicando gravemente la imagen de España como destino turístico en los llamados “países emergentes” desde hace años, siendo ahora cuando más falta harían esos turistas que son reiteradamente rechazados, algo que difícilmente podrá reparar ya la pretendida “Marca España” que en los últimos meses se pretende relanzar.

Y es que España bien debiera aprender de la iniciativa norteamericana, dándose cuenta de que los turistas están ahora en los llamados “países emergentes”, que ya no vale considerarlos como “países del Tercer Mundo”, denegando visados de turista sin sentido alguno y rechazando en frontera de forma arbitraria a viajeros simplemente por el color de su piel o su país de procedencia. Efectivamente, los EE.UU. se han dado cuenta de que el turismo procedente de aquellos países antaño pobres constituye una importante fuente de ingresos que hay que cuidar y cultivar. Por el contrario, España se ha embarcado en una campaña de mejora de imagen llamada “Marca España” que se limita a giras del Ministro de Asuntos Exteriores por el extranjero en las que se sólo visita a sus homólogos en las Cancillerías extranjeras, pero sin llegar a plantearse la corrupción y el maltrato que a los turistas se presta en los consulados generales de España en el exterior que se atreven a solicitar un visado de turista para viajar a España.

En el sentido de lo apuntado, desde la Administración Obama se ha indicado que “En un momento en que demasiados estadounidenses siguen buscando trabajo, debemos facilitar que más personas visiten este país para que nuestra economía siga creciendo”; quizás ésta sea la filosofía acertada que sí ha adoptado EE.UU., pero no España, lo cual, sin duda, hará que nuestro país pierda numerosos turistas, especialmente latinoamericanos que, ahora con los bolsillos llenos, eligen destinos turísticos mucho más amables, entre los cuales no está España que pierde así una buena cantidad de ingresos procedentes de potenciales turistas que en nuestro país encontrarían un destino ideal por contar con la ventaja de un idioma común, algo que, sin embargo, nuestras autoridades no saben aprovechar.
Por el contrario, las autoridades norteamericanas se han lanzado con esta campaña a captar ese sector turístico de los llamados “países emergentes”, señalando que “el Gobierno trabaja para hacer más agradable la experiencia del viajero en los aeropuertos y mejorar el recibimiento de los turistas que no hablen inglés”. Asimismo, se ha puesto en marcha una aplicación para “smartphones” llamada “FlyRights” que permitirá denunciar ante las autoridades aeroportuarias y del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense la actuación de los inspectores aeroportuarios de tinte racista, herramienta que, sin duda, refuerza los derechos de los viajeros que acceden a los EE.UU. y que, hasta ahora, quedaban al arbitrio del funcionario de turno.


Significativo es el caso de Brasil, un país que, luego de décadas de hiperinflación, se ha expandido al compás de los altos precios de las materias primas y del descubrimiento de grandes reservas de petróleo. Millones de personas salieron de la pobreza y aumentó significativamente la clase alta, gastando 5.900 millones de dólares en EE.UU. en el 2010 como turistas, en un fenómeno que está cambiando radicalmente viejos patrones migratorios y mejorando las economías de partes de EE.UU. muy golpeadas por la crisis. En tal sentido, el Presidente estadounidense Barack Obama instruyó hace poco al Departamento de Estado para que agilice la concesión de visados a los turistas procedentes de Brasil, China y otras naciones con economías florecientes, cuyos ciudadanos viajan a EE.UU. a gastar dinero y no se quedan como ilegales.
Para hacernos una idea de lo que este “turismo emergente” supone para los EE.UU., en 2010 los visitantes brasileños gastaron casi 6.000 millones de dólares en viajes y compras a EE.UU., un 30% más que el año anterior, según un informe del Departamento de Comercio norteamericano, que señaló que la tendencia creciente comenzó en el 2003, siendo que en 2012 se espera que el número de visitantes sólo de Brasil ascienda a más de 1 millón y medio.

Para mejorar estas cifras la labor de promoción de la imagen del país comienza en los propios consulados norteamericanos a la hora de tramitar el visado; el trámite de visado es relativamente sencillo: se completa un formulario y se envía por Internet, pidiendo una cita para la entrevista de rutina; la persona puede marcar la hora de la entrevista en el momento de enviar el formulario. Las filas en el consulado se mueven rápido y hay funcionarios de la embajada que circulan entre las personas para orientarlas y ver si los documentos están completos antes de entrar a la entrevista. En la misma entrevista se le informa a la persona si la visa fue aprobada. En caso afirmativo, el pasaporte visado es enviado por correo en 48 horas. A ello se une el hecho de que los EE.UU. están flexibilizando los requisitos para conceder visados de turista a los nacionales de países emergentes como Brasil, China, Perú o Colombia, por ejemplo.
Una campaña inteligente por parte de los EE.UU. que, desde luego, servirá para reactivar su sector turístico. Una idea de la que, desde luego, debiera aprender España, la cual, a pesar de la crisis en la que está inmersa, se obstina en maltratar en sus consulados a quienes solicitan visados de turista, olvidando que los ricos ya no somos nosotros, sino esos “países emregentes” con turistas ávidos de gastar su dinero y que, como consumidores, elegirán el destino que mejor les trate, el cual, desde luego, no es España en estos momentos. Una vez más, otros nos ganan la partida, y ahora en uno de los sectores claves de nuestra economía: el turismo.