El cuarto viaje de Cristóbal Colón

31 octubre 2010

América

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Los Trece de la Fama
Todos conocen el primer viaje de Cristóbal Colón en el que descubrió el Nuevo Mundo. Pero muy pocos conocen su cuarto viaje, un viaje enterrado por la Historia y que constituyó la confirmación del declive del Almirante, al tiempo que demostraba su ímpetu y tesón, movido por un anhelo que nos explica muy bien las razones de su primer viaje.
 

Cuando el 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón puso su pie sobre sobre lo que hoy conocemos como América no podía ni imaginar que cambiaría la Historia del Mundo, ni tan siquiera que había descubierto un nuevo Mundo. Pero menos podía imaginar que su vida cambiaría radicalmente en un sentido bastante diferente del que se podría imaginar para quien hiciera una gesta del tamaño de la que llevó a cabo Cristóbal Colón.

Efectivamente, la epopeya de Cristóbal Colón no terminaría con su primer viaje, el que le hiciera pasar a la Historia, y así, mucha gente desconoce que cruzó el Atlántico otras tres veces, arriesgándolo todo: su fortuna, su reputación e incluso su cordura. De todos esos viajes de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, el cuarto y último fue su apuesta más atrevida; un viaje contra los elementos, contra la opinión de todos e incluso contra su propio destino. El cuarto viaje de Cristóbal Colón, siendo el gran desconocido, es, sin embargo, el más apasionante de todos; un verdadero viaje de leyenda que os descubrimos y del que pocos conocen, un viaje que llevó a Colón al naufragio, a la ruina y al borde de la locura.

Ocho años antes del último viaje de Cristóbal Colón, en su primer viaje, el del Descubrimiento, todo fue muy diferente. Cuando Colón y sus tripulaciones partieron de Palos de Palos de la Frontera en Huelva para cruzar las vastas aguas por explorar conocidas por aquel entonces como “Mar Océana”, él y sus hombres sabían perfectamente que navegaban a lo desconocido, preocupados porque nadie había navegado hasta entonces tan al oeste, a pesar de que en aquella época ya eran conscientes de que la Tierra era esférica, no plana, siendo su mayor temor el alejarse demasiado y no poder volver, la duda acerca de si las provisiones y el agua serían suficientes y darían para poder volver en caso de no arribar a tierra en plazo suficiente. Sin embargo, como cotrapartida estaba en juego una recompensa extraordinaria, la mayor del Mundo: las riquezas de Asia, fundamentalmente las especias y oro de la India, China y Japón, las cuales constituían el petróleo de la época y el motor de la Europa de entonces, de modo que el dominio de las rutas del comercio hacia Asia suponían prácticamente dominar el Mundo conocido.

 

 


Efectivamente, Europa necesitaba de los tesoros y las riquezas de Asia y, en esos momentos de la Historia, la única forma de avastecerse de ellas era por tierra, cruzando el continente europeo y Oriente Medio para adentrarse en el Lejano Oriente, un viaje largo y peligroso, por lo que, desde antaño, se acarició la idea de encontrar una ruta más corta y menos peligrosa, ruta que los portugueses habían comenzado explorar por el mar, a través del sur de África. Sin embargo, Cristóbal Colón propuso una ruta alternativa, un viaje mucho más corto y rápido, navegando en dirección contraria, hacia el oeste, a través de la “Mar Océana” hasta llegar a China, propuesta que, no obstante, no se apoyaba en pruebas contundentes, ya que pocos mapas de la época mostraban tierra más allá de la “Mar Océana”, sólo algunas islas desperdigadas antes de llegar a China, con cálculos de distancias contradictorios y confusos entre los cuales, por supuesto, no se encontraba la idea de que existiese un continente entre Europa y Asia. Con esas ideas, Cristóbal Colón pensaba que la distancia entre Europa y Asia atravesando la “Mar Océana” era de entre 3.000 y 5.000 km, siendo que, en realidad, la distancia real era y es de casi 20.000 km, por lo que Cristóbal Colón erraba considerablemente en sus cálculos, a lo que se unía el total desconocimiento sobre la existencia del continente americano entre Europa y Asia.

Para llevar a la práctica su plan, Cristóbal Colón necesitaba de mucho dinero, muchísimo, algo equiparable a la carrera espacial de hoy, por lo que pocos estarían dispuestos a financiar un proyecto de semejante naturaleza. Sin embargo, Cristóbal Colón vio la oportunidad en el momento histórico que se presentaba ante él: la victoria de los Reyes Católicos frente a los musulmanes enero de 1492, cuando el último reducto musulmán en la Península Ibérica fue derrotado con la Conquista de Granada, un momento en el que las arcas de la Corona de Castilla estaban exhaustas tras tantos años de batallar contra los musulmanes, al tiempo que ávidas por llenarse nuevamente con los tesoros y riquezas de Asia, por lo que para los Reyes Católicos era imperioso hacerse con una ruta comercial con Oriente. Por estas razones, no sin unas largas negociaciones (y tras el rechazo de sus propuestas por parte de Portugal), las cuales se llevaron a cabo a través través del Secretario de la Corona de Aragón, Juan de Coloma, y de Fray Juan Pérez, en representación de Colón, los Reyes Católicos accedieron al plan de Cristóbal Colón en las llamadas “Capitulaciones de Santa Fe”, firmadas en Granada el 30 de abril de 1492, un documento en virtud del cual se atribuían una serie de derechos a Colón (como el título de Almirante, el de Virrey y Gobernador sobre las tierras firmes descubiertos y ganados durante la expedición, y una serie de derechos económicos sobre el comercio en las nuevas tierras que, desde luego, lo convertirían en, quizás, el hombre más rico del Mundo de entonces), muchos de ellos hereditarios, a cambio de quedar las nuevas tierras descubiertas y ganadas bajo el dominio de España.

 

 

Los cuatro viajes de Cristóbal Colón

Así, con la bendición y financiación de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, reunió su tripulación y el 3 de agosto de 1492 Cristóbal Colón partió del puerto de Palos de la Frontera en Huelva con la mítica triada de naves que pasarían a la Historia (“La Pinta”, “La Niña” y “La Santa María”), en una aventura hasta entonces jamás imaginada, en una gesta nunca antes realizada, si tenemos en cuenta que ningún marinero europeo había navegado más de siete días seguidos sin avistar tierra firme, algo que sólo era posible por el impulso y el ímpetu de un hombre como Colón.

Sin embargo, ese impulso y ese ímpetu de Colón no era compartido por el resto de su tripulación. Efectivamente, el 1 de octubre de 1492 la flota había recorrido unos 5.000 km y todavía no se avistaba tierra, por lo que muchos de los hombres comenzaban a asustarse y, por supuesto, a quejarse, ya que la lejanía de España, el evidente fallo en los cálculos de Colón y las supersticiones sobre monstruos de ultramar a que tanta afición tenía la marinería, hacían que las tripulaciones dudasen sobre el éxito de la expedición, la capacidad de su Almirante y, sobre todo, que comenzasen a temer por sus propias vidas. La comida se pudría y el hedor que había bajo cubierta había obligado a muchos de los marineros a dormir a la intemperie, por lo que la situación a bordo era propicia para el motín, hasta el punto de que un grupo de marineros, la noche del 9 de octubre, dieron un ultimátum a Cristóbal Colón: navegarían tres días más y, de no divisar tierra, volverían a casa. La suerte se alió con el Almirante y, pasadas dos horas de la medianoche del 12 de octubre, el marino Rodrigo de Triana gritó desde La Pinta: “¡Tierra a la vista!”. Sin saberlo, habían descubierto un nuevo Continente y Cristóbal Colón había salvado su empresa.

Cristóbal Colón tomó tierra con la Bandera Real en las manos, acompañado por dos banderas de La Cruz Verde que portaban dos capitanes, reclamando así las nuevas tierras descubiertas para los Reyes de España, bautizando a esas nuevas tierras como “Las Indias”, al creer el Almirante que había llegado a Asia, sin saber que, en realidad, había descubierto un nuevo continente: América. En concreto, Cristóbal Colón llamó a la isla en la que desembarcó “San Salvador”, en honor de Dios, en quien confiaba sobre todas las cosas, hasta el punto de llegar a creer que su empresa había sido creada por Él.

Hasta aquí la historia que la mayoría de la gente conoce. Sin embargo, pocos saben que Cristóbal Colón hizo tres viajes más al Nuevo Mundo, de los cuales el último fue sin duda el más apasionante y lleno de peligros, no obstante lo cual es el viaje más desconocido por la mayoría. Efectivamente, a Cristóbal Colón su primer viaje le repotó títulos, poder y riquezas, pero en la cabeza del Almirante bullía la obsesión por llegar a China, consciente de que lo que había descubierto no eran más que unas cuantas islas dispersas, pero ignorando que lo que había más allá no era Asia, sino un nuevo Continente totalmente desconocido e inóspito.

 

 

Así, navegando en zig zag por el Caribe, busca nuevas tierras donde fundar colonias y encontrar riquezas, siendo una de las nuevas islas descubiertas la más prometedora, asentándose en ella el Almirante y llamándola “La Española” (la isla en la que hoy se ubican Haití y la República Dominicana”), pareciéndole a Colón este lugar el mismo Paraíso, un Paraíso que, sin embargo, marcará una efímera fortuna para nuestro protagonista a corto plazo, pero la desgracia a largo plazo.

Ese Paraíso que era la isla de La Española no estaba deshabitado, ya que allí vivían unas 100.000 personas: los “Zahínos”. Colón, creyendo que habia llegado a “Las Indias” los llamará “indios”, y éstos, a su vez, creyendo que su dios llegará por el mar, creen que Colón es de naturaleza divina, lo cual será aprovechado por el Almirante y, en cuestión de días, encontrará el oro y las riquezas que buscaba en los distintos poblados de Zahínos, por lo que se aprestará a partir hacia España en enero de 1493 para comunicar a los Reyes Católicos su descubrimiento, dejando a 39 hombres en La Española.

Colón será recibido en España el 15 de marzo de 1493 como un héroe, pero para el Almirante el descubrimiento realizado no será más que el principio, ya que sabía que para sacar el máximo provecho a las nuevas tierras tenía que emprender un segundo viaje de inmediato, tardando sólo seis meses en organizar ese segundo viaje con una flota de 17 barcos, un segundo viaje totalmente distinto al anterior, más de colonización que de descubrimiento, un viaje que partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493 y llegando a la Isla Guadalupe el 4 de noviembre del mismo año. En este viaje, además de la tripulación de los navíos, viajaban también numerosos colonos y funcionarios de la Corona, todos ellos ávidos de hacer su propia fortuna en el Nuevo Mundo.

Los 17 navíos llegarán a La Española la noche del 27 de noviembre, fondeando en la costa a la espera de la llegada del alba y con la esperanza de divisar alguna señal de los 39 marinos que dejara atrás a cargo de la isla Colón. Sin embargo, la costa permanecía vacía y silenciosa, algo que confirmará los peores presagios al día siguiente cuando desembarcaron en la isla: los 39 hombres habían sido asesinados por los Zahínos. A partir de ahí, Colón se dará cuenta de que su plan iba a costar más de lo que esperaba, por lo que decidió trasladar sus naves a una posición más alejada y segura, fundando el asentamiento de “La Isabela” (en honor de la Reina Isabel), un asentamiento que resultó ser una muy mala elección por parte del ahora Gobernador de La Española Cristóbal Colón: carecía de agua dulce y su ubicación al norte de la isla hizo que sufriera los peores embates de los huracanes caribeños, a lo que se unía el hecho de que la zona circundante estaba llena de pantanos, el ingrediente perfecto para toda clase de enfermedades tropicales entonces desconocidas para la mayoría de los europeos.

 

 

Esas circunstancias obligarán a Colón a adentrarse en el corazón de La Española, dirigiéndose a la zona de Cibao, el origen del oro de la isla, lo cual despertará las iras de los Zahínos, lo que determinará una serie de luchas entre los españoles y los nativos que acabarán con la derrota de estos últimos, construyendo Colón una ciudad nueva en Cibao que bautizará como “Concepción de La Vega”, una verdadera mina de oro que aprovisionará las sedientas arcas de la Corona Española, convirtiéndose esta ciudad en el lugar de destino de los colonos sedientos de riquezas y fortuna.

Colón, seguro de haber pacificado La Española, decidió poner fin a su segundo viaje en marzo de 1496, regresando a España como un hombre rico y poderoso. Dos años después, Colón iniciará su tercer viaje, zarpando el 30 de mayo de 1498 de Sanlúcar de Barrameda, con una flota de 6 barcos, con el objetivo ahora de la exploración y la expansión, por lo que se adentró en la Venezuela actual, siendo así el primer europeo que pisaba Sudamérica. Más tarde retornará a La Española y fundará la ciudad de Santo Domingo en agosto del mismo año, ciudad desde la que dominaría como Gobernador el creciente Imperio Español en el Nuevo Mundo, un dominio que no se le daría tan bien como la navegación, algo que le pasaría factura posteriormente.

El Mundo tal y como se concebía en la época de ColónEl Mundo tal y como se concebía en la época de Colón…

El Mundo tal y como se concebía en la época de Colón

Efectivamente, Cristóbal Colón pecó de excesiva mano dura y sofocó la más mínima crítica de zahínos y españoles con absoluta dureza, hasta el punto de que cortaba orejas, cabezas y manos para imponer sus castigos, lo que hizo volverse a su propia gente en su contra, siendo que un gran número de colonos españoles decidiera rebelarse y estabecer sus propios asentamientos en las montañas del interior de La Española, lo cual llegó a oídos de los Reyes Católicos, así como las causas de la rebelión, por lo que los Monarcas enviarán a Francisco de Bobadilla para que investigase lo ocurrido, quien, ostentando Poderes Reales para ello, concluyó que Colón y sus hermanos (Bartolomé y Diego) eran culpables, por lo que ordenó encadenarlos y enviarlos a España a presencia de los Reyes, llegando a Cádiz el 25 de noviembre de 1500. Sin embargo, Cristóbal Colón será perdonado por los Reyes Católicos y le darán una nueva oportunidad, oportunidad que dará lugar a su cuarto viaje, un cuarto viaje olvidado por la Historia.

 

 

Sin embargo, a pesar de ese perdón, la figura de Cristóbal Colón ya no es lo que era. Los Reyes Católicos han otorgado los derechos de conquista y exploración a otros caballeros, mientras que Colón lo ha perdido todo, quedando pobre y arruinado y jugándoselo todo a una última carta: la de su cuarto viaje. En ese cuarto viaje, Colón irá acompañado de su hijo ilegítimo de 13 años, Hernando, quien fuera paje en la Corte Española y que, años después, se encargaría de recuperar la memoria de su padre para la Historia.

En su cuarto viaje, Cristóbal Colón pretenderá recuperar sus riquezas y su nombre, para lo cual se proponía descubrir el paso hacia Asia, pero ahora el Almirante tiene 51 años (un hombre muy mayor para la época) y su impulso ahora es la desesperación y el rencor, muy malos consejeros para cualquier empresa de semejante tamaño, a lo que se unía el hecho de que Colón parecía comenzar a perder el juicio, ya que creía hablar directamente con Dios y recibir órdenes de Él.

Para este cuarto viaje Colón pudo reclutar algunos hombres de su confianza, como Diego Méndez y su propio hermano, Bartolomé Colón, mientras que la mayoría de la tripulación le vino impuesta por la Corona para controlar sus acciones, hallándose en este segundo grupo los hermanos Porras (Diego y Francisco), quienes durante el viaje debilitarán a Colón y destruirán su reputación. Con este grupo de hombres, Cristóbal Colón se embarcará con cuatro carabelas y unos 30 hombres por navío el 11 de mayo de 1502 en Cádiz, en un viaje muy diferente a los anteriores, lleno de desastres y desgracias y marcado por la desesperación.

El cuarto viaje de Cristóbal Colón fue el más rápido de todos, ya que en sólo 21 completó su travesía, ayudado por sus especiales conocimientos sobre la travesía del Atlántico y aprovechando al máximo el empuje de los vientos alisios. Sin embargo, esa rapidez del viaje parece que fue lo único positivo del mismo, ya que, nada más llegar a las costas caribeñas, Colón notó que algo no iba bien: el tiempo estaba excesivamente calmo y las nubes comenzaban a hacer formaciones extrañas, los síntomas de un próximo huracán, algo que Colón ya experimentó en su segundo viaje. Alarmado, Cristóbal Colón envió un mensaje a Nicolás de Ovando, su sucesor como Gobernador de La Española, solicitándole poder atracar en la isla mientras durase el huracán, a pesar de saber que con ello contravenía las órdenes de los Reyes Católicos, quienes accedieron a permitir el cuarto viaje de Cristóbal Colón a condición de que no pisara la tierra de La Española. Sin embargo, el Gobernador Ovando no accederá a la petición de Colón, por lo que éste deberça enfrentarse sólo a la fuerza del huracán en ciernes, algo que ocurrirá el 30 de junio de 1502.

 

 

La fuerza del huracán arrancará todas las naves de sus anclas, las cuales se refugiaron en una solitaria bahía al sur de La Española, dispersándolas por el mar, a pesar de lo cual las cuatro naves resistieron y lograron reagruparse en una cala cercana, si bien, lo peor estaba por llegar, ya que las exhaustas tripulaciones, imposibilitadas de atracar en La Española, debieron dirigirse mar adentro hacia lo desconocido.

Los navíos se aprovisionarán en la actual Jamaica y navegarán en cabotaje por la línea de la costa cubana, a partir de la cual se adentrarán en el hasta entonces desconocido Mar Caribe del Golfo de México, algo que podía minar el ánimo de la tripulación, pero que Colón supo combatir (como ya hiciera en su primer viaje) registrando jornadas más cortas de las reales para que los marineros pensaran que no estaban tan lejos de tierra firme. Sin embargo, Colón estaba obsesionado con su objetivo de encontrar un paso hacia Asia y ese objetivo era prioritario, incluso frente a su tripulación.

Colón y sus naves conseguirán llegar a las costas de Centroamérica, siendo con ellos los primeros europeos que las divisen, pero apenas desembarcarán para aprovisionarse, entrando en contacto con algunos nativos que les hablarán de la existencia de un gran canal que se adentraba hacia el interior de tierra firme, canal que le pareció a Colón el paso que estaba buscando hacia Asia, por lo que se obstinó en encontrarlo a cualquier precio. Así, en octubre de 1502 llegará a un lugar llamado “Chiriquí”, en el actual Panamá, siguiendo un canal tierra adentro que Colón pensará que es el gran canal del que había oído hablar y que confiaba le llevara mar adentro hacia Asia; sin embargo, ese canal terminará abruptamente tierra adentro, otro de tantos inmensos canales tan comunes en la costa de Centroamérica, con lo que el Almirante y su tripulación sumarían una nueva frustración en su aventura. No obstante, no todo parecía perdido, ya que los indios de Chiriquí le hablarán de una ruta terrestre que, durante un viaje de 9 días, conducía a un océano diferente, precisamente lo que estaba buscando Colón, una ruta donde siglos más tarde se construiría el Canal de Panamá. Sin embargo, a pesar de que los indios se ofrecieron a guiarle, Colón desconfió y decidió no seguir esa ruta por temor a una emboscada de los indios y arriesgar así la vida de sus hombres, convencido al tiempo de que él, por si solo, podía encontrar una ruta marítima hacia Asia.

 

 

Sin embargo, Cristóbal Colón, tras más de 200 días de viaje, toma una decisión radicalmente distinta a su objetivo inicial: decide abandonar la búsqueda del paso occidental hacia Asia y opta por buscar simplemente oro. La decisión se debía al hecho de que los indios que iban encontrando por la costa afirmaban que no había ningún paso por mar, por lo que Colón ya intuía que así era. De esta forma, en su nuevo objetivo de buscar el oro, llegaron a las costas de “Veragua”, en el actual Panamá, donde los indios les habían contado que estaba repleto de oro. Y así era, el lugar estaba preñado de pepitas de oro que se podían ver a simple vista en los lechos de los riachuelos, a lo que se unía lo pacífico de los indios locales, con los que los exploradores trabaron rápidamente amistad.

Sin embargo, las excelentes relaciones que mantenían con los indios y que les iban reportando cuantiosas riquezas pronto se verán estropeadas por la otra gran obsesión de Colón: la religión. Efectivamente, Cristóbal Colón se empeñó en evangelizar a los indios de Veragua, algo que no gustó a éstos demasiado, por lo que Colón, ante la creciente hostilidad de los indios, en abril de 1503, decide preparar sus naves y abandonar el lugar, no sin antes establecer una colonia con 80 hombres capitaneada por su hermano Bartolomé y su escribano Diego Méndez, una colonia que se llamaría “Belén”. Sin embargo, el 6 de abril, antes de que la flota parta, los indios atacan Belén, ataque que será repelido en un primer momento por los españoles gracias a sus armas de fuego, pese a lo cual, habrá un segundo ataque que ya no podrán rechazar los españoles, por lo que se verán obligados a abandonar Belén y volver a España derrotados y fracasados.

Mapa de Cristóbal ColónMapa de Cristóbal Colón…

Mapa de Cristóbal Colón

Sin embargo, lo peor estaba aún por llegar. Efectivamente, además de verse obligados a partir con una nave menos, imposibilitada para navegar, pronto se darán cuenta de que los cascos del resto de los barcos estaban podridos, por lo que las vías de agua en ellos eran cada vez más frecuentes y sólo pudieron llegar hasta Jamaica, donde los barcos se hundieron definitivamente, una isla entonces todavía no colonizada por los europeos. Colón, enfermo y derrotado, cede el mando a Diego Méndez, el escribano, quien entabló amistad con algunos nativos de la isla que periódicamente les iban proporcionando alimentos, con lo que lograrán sobrevivir.

La isla de La Española se encontraba a unos 170 km de Jamaica, por lo que Colón propuso que Diego Méndez se embarcara en una pequeña canoa para llegar hasta La Española y pedir auxilio. Así lo hará el escribano, arriesgando su vida, y, transcurridos seis meses sin noticias de aquél, comienzan a haber indicios de motín, motín capitaneado por los hermanos Porras, quienes convencerán a un grupo de hombres para que se subleven, motín que no podrá ser sofocado por un enfermo Colón y que llevará a los amotinados al interior de la selva, poniendo en contra de Colón a los indios, quienes interrumpirán el suministro de alimentos periódico a los pocos hombres que quedaban ya en en campamento de Colón en la playa.

 

 

Sin embargo, en el poco juicio que le quedaba a Colón, todavía habían algunas luces, y calculó que el 29 de febrero de 1504 se produciría un eclipse lunar, con lo que se proponía atemorizar a los indios para obligarles a restablecer el suministro de alimentos. Y así fue; Colón le dijo a los nativos que su Dios se había enfurecido con ellos por no proporcionarle más alimentos y que, en consecuencia, su Dios taparía la luna, eclipse que se produjo y atemorizó a los indios, quienes, rápidamente, restablecieron el suministro de alimentos al campamento de Colón, lo cual le dio algo más de tiempo a Colón y sus hombres.

Tras ocho meses desde la partida de Diego Méndez, se tienen por fin noticias de él. Así, el Gobernador Obando enviará un barco que fondeará a lo lejos, llegando al campamento de Colón sólo el bote del Capitán del navío, quien entregará a Colón un cerdo asado, un poco de vino y los saludos del Gobernador, nada más. Y es que el Gobernador Obando, como el resto de habitantes de La Española, odiaba a Colón, burlándose con ello del Almirante y negándole el rescate. Sin embargo, no había que perder la esperanza, ya que Colón ya sabía que su fiel escribano Diego Méndez estaba con vida y que haría lo imposible para rescatarlos.

Pero el tiempo se acababa y, a la desesperada situación de los hombres de Colón habían de añadirse las intrigas de los hermanos Porras y sus amotinados, quienes, en el interior de la selva, planeaban hacerse con el campamento de la playa de Cristóbal Colón. Ante tal situación, Bartolomé Colón se enfrentará a los amotinados en singular batalla, cuerpo a cuerpo, ya que no quedaba pólvora para ninguno de los bandos, batalla que ganará el hermano de Colón, decidiendo perdonar la vida de los hermanos Porras y sofocando definitivamente el motín que aquéllos iniciaron hacía meses.

Pero, un mes después, llegará por fin el rescate de Diego Méndez, quien consiguió enviar una carabela hasta Jamaica para rescatar a los naúfragos, de los que sólo quedaban 110 hombres tras más de un año perdidos en la isla, muchos de los cuales decidirán quedarse definitivamente en La Española y no volver a España. Por su parte, Cristóbal Colón y su hijo Hernando, tras más de dos años desde que se iniciara el cuarto viaje al Nuevo Mundo, consiguen retornar a España, un retorno humillante, ya que el Almirante debería pagar su propio pasaje como un pasajero más.

 

 

Una vez en España, Colón pasaría el resto de sus días intentando recuperar los derechos sobre las nuevas tierras que los Reyes le habían retirado. Sin reputación ni honor, quien descubriera un Nuevo Mundo sin saberlo languidecía y lloraba su gloria perdida. A los 55 años de edad, menos de dos desde que volviera de América, Colón muere el 20 de mayo de 1506 en Valladolid, siendo sus últimas palabras una oración a Dios.

Los herederos de Colón reivindicarán los derechos perdidos sobre el Nuevo Mundo, pero no recibirán el respaldo de los soberanos, al tiempo que la Historia iría olvidando a Colón, hasta el punto de que el Descubrimiento del Nuevo Mundo no se atribuiría a él durante siglos, siendo llamado el Nuevo Mundo “América” por Americo Vespucio, quien en 1505 escribió sobre sus propios viajes al Nuevo Mundo. Al propio tiempo, Vasco Nuño de Balboa en 1523 realizó el camino a pie que en Panamá se negara a hacer Cristóbal Colón, descubriendo así el Océano Pacífico, todo lo cual fue hundiendo y difuminando la memoria de Cristóbal Colón, memoria que fue recuperada por el hijo de Cristóbal Colón, Hernando, quien dejó escrita una amplia biografía de su padre que permitió 300 años después que se atribuyera definitivamente a Cristóbal Colón el Descubrimiento de “América”.

El cuarto viaje de Cristóbal Colón es todo un símbolo de la tenacidad de un hombre, viaje sin el cual no se puede explicar cómo la idea que bullía en la cabeza de aquel hombre pudo plasmarse en su primer viaje. Un viaje perdido entre miles de legajos, al igual que la figura del Almirante, que sólo se pudo recuperar para la Historia siglos después, también de la mano de la tenacidad de su hijo Hernando, quien se obstinó en conservar la memoria y hazañas de su padre para que, alguna vez, éste recuperara los que le pertenecía en Justicia. Un viaje apasionante, lleno de aventuras y de significado, fruto del sueño de un hombre que permitió que otros después forjaran el Continente que hoy es “América”.

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4 Comentarios en “El cuarto viaje de Cristóbal Colón”

  1. amine Dijo:

    Expediciones a América anteriores a Colón :

    http://documentalium.blogspot.com/2010/10/expediciones-america-anteriores-colon.html

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  2. sami Dijo:

    es lo mejor de mi tarea

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  3. ViajeAhorro.com Dijo:

    Gracias por tu participación, Kevin.

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  4. Kevin Dijo:

    EXCELENTE INFORME! APASIONANTE Y MUY DETALLADO!

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