Jánuca: ocho noches de luz
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![]() Jánuca se celebra por ocho días, durante los cuales se ilumina la oscuridad de sus respectivas noches mediante la “Menorá” y el progresivo encendido de sus 9 velas con la “Shamash”, la vela con la que se van encendiendo las demás. Este año 2009 (el 5769 en el calendario judío) Jánuca comenzó la noche del viernes 11, cuando millones de hebreos en el Mundo repitieron el rito milenario de encender la Menorá… |
Jánuca, Janucá, חנוכה, o “La Fiesta de las Luminarias”, es el momento del año en el que los hijos de Israel conmemoran la derrota de los helenos a manos de los macabeos y la consiguiente recuperación de su independencia. Una fiesta que, más o menos, viene a coincidir con la Navidad Cristiana, coincidencia que no es más que la puesta de manifiesto de los vínculos y raíces comunes que unen a estas dos grandes religiones monoteístas, las dos grandes religiones que han marcado y marcan la cultura y tradiciones de Occidente.
Jánuca se celebra por ocho días, durante los cuales se ilumina la oscuridad de sus respectivas noches mediante la “Menorá” y el progresivo encendido de sus 9 velas con la “Shamash”, la vela con la que se van encendiendo las demás. Este año 2009 (el 5769 en el calendario judío) Jánuca comenzó la noche del viernes 11, cuando millones de hebreos en el Mundo repitieron el rito milenario de encender la Menorá, el candelabro de nueve brazos cuyas velas son encendidas de una en una cada una de las noches de Jánuca, comenzando por la vela central (la que se sitúa en el brazo mayor del candelabro) de la Menorá, la cual es prendida la primera noche de jánuca, 18 minutos antes de la puesta del sol, ceremonia en la que también tiene lugar el encendido de las tres velas de Shabat.
Comienza así, la noche del 24 Kislev en el calendario hebreo, una de las festividades más importantes del pueblo judío, en la que se celebra no sólo lo ya apuntado anteriormente (la victoria hebrea sobre los helenos), sino lo que es más importante: el milagro de que el aceite duró ocho días.
Efectivamente, tras la muerte de Alejandro Magno, su Imperio fue dividido entre los jefes de sus ejércitos: Antigonos, Talmai y Seleucus. En concreto, Israel quedó en manos de Talmai, quien pretendió imponer la cultura helénica a los pueblos que quedaban bajo su mando, incluido el Pueblo de Israel, llegando a prohibir a los judíos la práctica de sus costumbres y tradiciones, incluida su religión. Ante ello, el Pueblo de Israel reaccionó rebelándose contra las tropas griegas, las cuales les superaban en número, pero se produjo el milagro y los judíos se impusieron a los griegos, el milagro de “ganar pocos contra muchos”. Sin embargo, cuando los israelitas victoriosos regresaron a Jerusalén, al dirigirse al “Har Habait” (el “Santuario del Rey de los Reyes” o “Templo de Jerusalén”), descubrieron con asombro y pena que estaba totalmente destruido, lo que provocó llantos y lamentos entre los israelitas ante el desasosiego que les provocó descubrir tal desgracia.
Sin embargo, otro milagro más había de obrarse. Efectivamente, Yehudá se encaró a los Sacerdotes y les dijo: “No es el momento de llorar. Es tiempo para actuar por Hashem. Tomen las piedras impuras y construyan en su lugar un altar con piedras nuevas. Mas debemos finalizar antes del veinticinco de Kislev. Debemos hacer un nuevo candelabro de hierro y adhiéranle placas de madera. Y estará en lugar del de oro que quitaron los griegos. Tiremos y destruyamos todos los ídolos griegos que estan aquí. Vamos a purificar la casa de Dios de toda esta suciedad causada por Antiojus (líder del ejército griego).” Pero, a la hora de encender el candelabro o “Menorá”, tras reconstruir el Templo, el día veinticinco de Kislev, se encontraron con que sólo disponían de aceite sagrado para un día y que preparar más aceite les llevaría ocho días, por lo que al día siguiente se apagaría la Menorá y no podría lucir con su fuego sagrado el Templo reconstruido. Sin embargo, como indicamos, un nuevo milagro se obró, ya que Yehudá llenó los brazos de la Menorá con el aceite sagrado de que disponían y este duró exactamente ocho días, a pesar de ser insuficiente.
“Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam asher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner Janucá.”
“Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam sheasá nisím laavotenu baiamim hahem bizmán hazé.”
“Baruj Atá A-do-nai E-lo-heinu Melej Haolam shehejeianu vekiemánu vehiguianu lizman hazé.”
Son las tres bendiciones que se pronuncian antes de encender la primera luz de Jánuca en la Menorá la noche del 24 Kislev, bendiciones que se repetirán el resto de noches (excepto la última bendición) antes de encender, cada noche, una de las luces del candelabro hasta completar el resto de brazos, lo cual tiene lugar la noche del 2 de Tevet, la octava noche de Jánuca y que este año coincide con la noche del viernes 18 de diciembre del calendario Cristiano.
Y de la misma forma que en la Navidad los Cristianos se recogen en sus hogares en unas fiestas especialmente entrañables y familiares, en las que la luz del hogar y el calor de la Familia lo impregnan todo, en Jánuca los hebreos se recogen en sus hogares al calor de la media luz de las luminarias de la Menorá, viviendo en Familia y recogimiento esta celebración en la que, como en la Navidad, los niños son los protagonistas.
Y es que en Jánuca, uno de sus símbolos es el “Sevivón”, una perinola mitad dado mitad peonza en cuyas cuatro caras se pueden leer cuatro letras que se corresponden con las iniciales de “Nes gadol haia sham” (“Un gran milagro ocurrió allá”), iniciales que se hallan impresas en cada una de las caras del “Sevivón” de la siguiente forma: ש, ה, ג, נ (obviamente, en Israel se sustituye la última letra por פ, y se dice que “Nes gadol haia po”, es decir: “Un gran milagro ocurrió aquí”). Esta perinola es utilizada por los niños, acompañados de sus padres y madres, y es jugada por todos sin parar, al tiempo que se recita esta canción:
“Sevivon Sov, Sov, Sov
Januca Hu Jag Tov
Sevivon Sov, Sov, SovJag Simja Hu La’am
Nes Gadol Haia Sham
Nes Gadol Haia Sham
Jag Simja Hu La’am”
Que traducido sería:
“Sevivon gira, gira, gira
Janucá es una bella fiesta
Sevivon gira, gira, giraEs una fiesta alegre para la nación
Un gran milagro ocurrió allí
Un gran milagro ocurrió allí
Es una fiesta alegre para el pueblo”
El significado de esta perinola se remonta, precisamente, al tiempo en el que los helenos dominaban Israel, quienes prohibían a los niños aprender la Torá, disimulando éstos jugando con la perinola llamada “Sevivón”.
“Latkes o levivot”, “sufganiot”, …, todo un mundo de sabor para los ocho días de Jánuca en los que el aceite de oliva y los fritos son los protagonistas culinarios, ya que es la fiesta, precisamente, en la que se celebra el milagro de que el aceite duró ocho días, ingrediente con el que se preparan los más deliciosos platos y dulces que resultan especialmente deliciosos para los niños, los grandes protagonistas de Jánuca, al igual que lo son los niños Cristianos en la Navidad.
La “Shamash” ya ha encendido la Menorá y lo continuará haciendo los ocho días de Jánuca, dando lugar a los relatos de las Luminarias de Jánuca, los cuales hacen que toda la Familia viva estas fechas tan especiales al calor de las nueve velas de la Menorá, recordando una tradición de siglos y el milagro del Pueblo de Israel.
Januká Sameaj! ¡Feliz Jánuca!
Publicado el 12 de diciembre de 2009
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