Los viajes de Marco Polo: “El Libro de las Maravillas”

13 febrero 2011

Historia

“El Libro de las Maravillas”, “El Libro del Millón” o “El Libro del Millón de costeras de Oriente: Japón, India, Sri Lanka y el Sudeste de Asia, así como la costa oriental de África” son algunos de los nombres con los que se conoce el libro que narra las aventuras del mercader y explorador veneciano Marco Polo, uno de los primeros occidentales que, junto a su padre y su tío, recorrió la llamada “Ruta de la Seda” hacia el lejano Oriente en un conjunto de viajes increíbles, mágicos, casi imposibles para una Europa medieval fácilmente impresionable con los relatos de aquellos viajeros que volvían tras años de viaje portando riquezas procedentes de lejanos mundos, contando experiencias inimaginables e increíbles, historias de pueblos y civilizaciones de gentes y costumbres jamás vistos ni imaginados por Occidente, todo un universo mágico, apasionante, lleno de misterio y encantos que Marco Polo describiera con todo detalle en un libro que fue todo un éxito en un tiempo en el que aún no existía la imprenta, traduciéndose en vida del propio autor a diferentes lenguas, sirviendo como una verdadera y primigenia guía de viaje para otros viajeros que emprendieron después la mítica “Ruta de la Seda” hacia la misteriosa y fascinante Asia.

Marco Polo nació el 15 de septiembre de 1254 en la Isla de Kórchula (en la actual Croacia), en el seno de una familia de mercaderes y comerciantes que, además, tenía un marcado espíritu explorador, ya que en el seno de la familia de Marco Polo existían precedentes de ese espíritu intrépido que se contagió al propio Marcon Polo. Así, comenzando por el propio padre de Marco Polo (Nicolás) y su tío (Mateo), la exploración y los viajes hacia lo desconocido, en busca de nuevas rutas para el comercio, eran el pan nuestro de cada día en la familia de Marco Polo, lo que permitió que se convirtieran en prósperos comerciantes, pioneros en las rutas orientales que les permitían traer a la República de Venecia las preciadas especias y seda de el lejano Oriente, el petróleo de aquellos tiempos por ser los productos más demandados por la Europa medieval de aquel entonces, dispuesta a pagar verdaderas fortunas por los exóticos tesoros que llegaban de aquellas tierras lejanas, por rutas recién abiertas por exploradores intrépidos como la familia del propio Marco Polo.

Efectivamente, durante la Baja Edad Media, la República de Venecia comenzó a convertirse en toda una potencia económica gracias a mercaderes como la familia de Marco Polo, lo que permitió que esta República, además de dominar el comercio interior y de la costa dálmata, controlara las rutas de comercio con el lejano Oriente, llegando a establecer consulados y colonias de comerciantes por todo el Mediterráneo Oriental, al tiempo que, como potencia económica que llegó a ser, financió ejércitos de cruzados que llegaron a conquistar Constantinopla, lo que permitó a la República de Venecia dominar casi todo el comercio mediterráneo y de Oriente próximo, en pugna con la otra potencia comercial del momento que era Génova.

Ese poderío económico en el Mediterráneo hacía que fueran muchos los comerciantes (venecianos, genoveses y pisanos fundamentalmente) que explotaran el comercio por las rutas y puertos mediterráneos y, por extensión, de Oriente próximo. Sin embargo, el verdadero maná y las abundantes riquezas no estaban en el Mediterráneo, el cual, desde la noche de los tiempos, se encontraba saturado de comerciantes y mercaderes que competían entre si; sino que se encontraba mucho más allá, en las tierras inóspitas de China, Mongolia y la India, unas tierras plagadas de riquezas que estaban esperando a los comerciantes más aventureros y dispuestos a arriegarlo todo para adentrarse en la llamada “Ruta de la Seda” que prometía el acceso a la seda, las especias y demás tesoros que les permitirían hacer después unas fortunas increíbles en Europa revendiéndolos.

La llamada “Ruta de la Seda” era una red de rutas comerciales entre Asia y Europa que se extendía desde Chang’an (actualmente Xi’an) en China, Antioquía en Siria y Constantinopla (actualmente Estambul, Turquía) a las puertas de Europa y que llegaba hasta los reinos hispánicos del siglo XV. Sin embargo, la denominación de “Ruta de la Seda” era desconocida en la época de Marco Polo, ya que el término se acuño siglos después, en 1877, por el geógrafo alemán Ferdinand Freiherr von Richthofen, quien se refirió a la ruta que realizaban los comerciantes europeos de la Baja Edad Media hacia el lejano Oriente de esta forma porque el producto principal que buscaban para comerciar era la seda, un tejido cuya elaboración era todo un secreto que conservaban así celosamente los chinos y que los europeos valoraban casi tanto como el oro, de ahí que aquellos comerciantes que se atrevían en los tiempos de Marco Polo a explorar aquella ruta inóspita, de culminarla con éxito, tras años de viajes llenos de riesgos, se aseguraban el control del comercio de los preciados productos procedentes del lejano Oriente y, por ende, las inmensas riquezas que ello comportaba.

Marco Polo vestido de mongol

Hoy día, en un Mundo globalizado e intercomunicado, en el que en unas horas podemos viajar al otro extremo del Planeta y volver, se nos puede hacer difícil imaginar un viaje en los tiempos de Marco Polo, y menos un viaje de la embergadura como el que emprendiera el mercader y explorador veneciano. En este sentido, tenemos que contextualizar la hazaña y ponernos en la piel de quien decidía embarcarse en un viaje de años hacia lo desconocido, surcando mares y recorriendo desiertos, subiendo cordilleras y enfrentándose a culturas y pueblos nunca vistos y, en ocasiones, poco amistosos, con mentalidades muchas veces radicalmente opuestas a las del Occidente medieval. Ciertamente, se debía ser una persona de mente abierta para la época, de espíritu aventurero y con pocos prejuicios para decidir embarcarse en un viaje de esas características en aquella época, cualidades todas ellas que, sin duda, se concitaban en Marco Polo y en su familia, algo común, por lo demás, en los mercaderes de todos los tiempos, quienes, espoleados por la promesa de riquezas, no dudaban en dejar atras la pesada carga de los prejuicios para emprender unos viajes de leyenda, únicos, llenos de aventuras y también peligros que les mantendrían alejados de sus hogares y haciendas durante meses e incluso años.

Sin embargo, Marco Polo lo tuvo más fácil que los primeros pioneros que decidieron realizar la Ruta de la Seda, ya que éste fue invitado por su padre y su tío a realizarla, quienes años antes ya la habían iniciado en 1255, llegando a China un año después, volviendo de aquel viaje como enviados del “Kublai Khan” (el quinto y el último Gran Kan del Imperio mongol y primer emperador chino de la Dinastía Yuan) con una carta para el Papa en la que le pedía que le enviase a gente ilustrada que formara a la gente de su Imperio sobre los usos y costumbres occidentales. Podemos imaginar lo que ello supuso en cuanto prestigio, además de riquezas, para la familia de Marco Polo, el cual no dudó ni por un momento en aceptar la invitación de su padre y su tío para embarcarse en un viaje lleno de encantos y maravillas al otro lado del Mundo entonces conocido, pero con la diferencia de que Marco Polo tenía la intención de recopilar sus experiencias y darlas a conocer en un libro: “El Libro de las Maravillas”.

“El Libro de las Maravillas” de Marco Polo hay que situarlo en el ámbito de la mentalidad europea de la época, en la que se tendía a magnificar los hechos hasta el punto de llegar a calificarlos como “mágicos” y “milagrosos”. Sin embargo, hay que entender que en aquella época casi nadie había conocido a pueblos tan diferentes al europeo como los que Marco Polo encontró en el lejano Oriente, con inventos tan extraordinarios como la pólvora y civilizaciones tan avanzadas como la china, experiencias que, sin duda, impresionarían enormemente a la mentalidad medieval de la Europa de aquel entonces, de ahí el éxito que tuvo el libro de Marco Polo, todo un “best seller” de la época.

Así, “El Libro de las Maravillas” de Marco Polo narra “maravillas”, “milagros” y “hechos mágicos” para la mentalidad de la época, fenómenos que, sin embargo, no son más que la descripción de los usos y costumbres de los pueblos que el explorador veneciano iba encontrándose a lo largo de la Ruta de la Seda y que, ciertamente, chocaban con la mentalidad de la Europa cristiana y medieval. No obstante, también se pueden encontrar en la obra de Marco Polo relatos increíbles y sobrenaturales, algo, por lo demás, muy propio y común en los textos medievales para explicar situaciones y hechos que escapaban a la comprensión científica de la época y que, por ello, se magnificaban aún más para, paradójicamente, hacerlos más creíbles desde la perspectiva cristiana catalogándolos de “milagros”.

En cualquier caso, “El Libro de las Maravillas” de Marco Polo viene a constituir, además de un conjunto de relatos mágicos, todo un documento etnográfico de la época, siendo ahí donde ha de situarse su verdadero valor al describir con todo detalle los diferentes pueblos y sus costumbres que el explorador veneciano fue encontrando durante sus viajes, con descripciones no exentas de los prejuicios cristianos de la época, pero que, sin embargo, nos dejan entrever a un Marco Polo con una mentalidad más abierta de lo que se podría imaginar en un primer momento, ya que el autor se atreve a hacer comparaciones que en la Edad Media podrían haberse considerado incluso como herejía. Efectivamente, Marco Polo llega a comparar a Buda con Jesucristo, comparación que no es la única en su libro y con las que pretende que el lector se libere de prejuicios y llegue a comprender el significado de las creencias de los diferentes pueblos descritos en “El Libro de las Maravillas”, una forma muy inteligente de que los europeos de la época conocieran y entendieran la mentalidad, los usos y las costumbres de esos pueblos que eran catalogados como “salvajes” e “idólatras” por la Iglesia.

Pero, además, “El Libro de las Maravillas” es una completa guía para los viajeros de la época, viajeros que, como es obvio, eran exclusivamente los mercaderes. Así, se dan indicaciones sobre distancias, medidas, consejos y precauciones durante el viaje, recomendaciones sobre productos y mercaderías, todo un manual especialmente útil para los viajeros de la época, pudiéndose considerar en la práctica como la primera guía de viajes, una guía hacia un mundo mágico, sorprendente e increíble a través de la Ruta de la Seda (incluso el propio Cristóbal Colón contaba con un ejemplar de este libro en su primer viaje en 1492).

Ilustración sobre los viajes de Marco Polo

Marco Polo inició su viaje, acompañando a su padre y a su tío, a los quince años de edad, en al año 1271, saliendo de Venecia y llegando por mar hasta Acre, en el actual Israel, una de las ciudades más antiguas del Mundo, fundada probablemente en el 1500 a. C. A partir de la ciudad de Arce, los exploradores se dirigen hacia la ciudad de Tabriz, en el actual Irán, a través del “Creciente Fértil”, la región que se corresponde con parte de los territorios del Antiguo Egipto, el Levante mediterráneo, Mesopotamia y Persia, coincidiendo con las vegas de los ríos Tigris y Eúfrates y considerada como cuna de la civilización actual, por lo que podemos considerar que se trató de un viaje sin demasiados sobresaltos, tranquilo y placentero atravesando una de las zonas más bellas y fértiles de Mundo conocido entonces, por no hablar de la riqueza cultural y etnográfica que esta región encerraba y encierra hoy día.

Llegados a Tabriz, los viajeros se encontraron con una ciudad dominada por el “Kan Abaqa”, el segundo “Kan” mongol de Persia, quien la declaró capital oficial del “Kanato”, por lo que se trataba de una ciudad importantísima, llena de mercados y de actividad económica, siendo punto de encuentro de todos los mercaderes que recorrían las rutas de comercio de la zona, incluida la Ruta de la Seda. En este sentido, Marco Polo describirá como la ciudad más espléndida de la provincia, con una cosmopolita población de armenios, nestorianos, jacobitas, georgianos y musulmanes persas, destacando al propio tiempo las inmensas posibilidades comerciales de esta ciudad:

“Los hombres de Tabriz son comerciantes e industriales: fabrican paños de oro y seda en gran cantidad y de gran valor. La ciudad está tan bien situada que, desde India, Bagdad, Mosul, Cremosor y otros muchos lugares envían sus mercancías, así como los mercaderes latinos vienen a adquirirlas desde países lejanos. Hay abundancia de piedras preciosas. Es ciudad en donde se enriquecen mercaderes y navegantes.”

Tras abandonar Tabriz, Marco Polo su padre y su tío emprenderán un larguísimo viaje de casi cuatro años de duración hasta llegar a su destino: China. Atravesarán cordilleras y desiertos que entonces se encontraban bajo dominio mongol, hasta llegar finalmente a Xanadú (“Sheng-du”), la capital mongol al norte de la Gran Muralla China, donde Marco Polo entró en contacto con el “Kublai Khan”, quien lo tomó a su servicio de confianza por ser hijo y sobrino de Nicolás y Mateo respectivamente, con quienes el “Kublai Khan” entabló una gran amistad en el primer viaje de aquéllos por la Ruta de la Seda, lo que le permitió viajar como diplomático del “Kublai Khan” por lugares tan remotos como Yunnan e Indochina, acompañando incluso a una princesa mongol llamada Kokacín hasta el actual Irán donde ésta iba a contraer matrimonio con el gobernate ilkaní local.

Tras más de veinte años de viajes, visitando Birmania, Yangzhou, Pekín, Zaitun, Indochina, Malaca, Sumatra, Ceilán, India y un sinfín de lugares más, Marco Polo regresará a Venecia en el año 1295, levantando gran expectación su llegada, aprestándose las gentes a escuchar las historias de Marco Polo y su familia, historias que, todo hay que decirlo, pocos creían.

Sin embargo, una persona como Maco Polo, que siendo apenas adolescente se embarcó en un viaje de más de veinte años hacia lo desconocido, no podía quedarse parada en Venecia contando la inmensa fortuna cosechada, contando a todo el que quisiera escuchar sus increíbles relatos de viajero al otro lado del Mundo. Así, Marco Polo no tardó en embarcarse en una nueva aventura y decidió formar parte de la batalla naval de Curzola entre Venecia y Génova en 1298, batalla en la que, sin embargo, fue capturado, pasando varios meses de encierro que aprovechó para redactar la obra que nos ocupa: “El Libro de las Maravillas”. El libro fue escrito en provenzal y pronto fue traducido a diferentes lenguas, convirtiéndose pronto en todo un éxito para la época, algo que no era de extrañar por las increíbles historias que en él se contaban, las aventuras apasionantes que narraba y las descripciones detalladas de los pueblos, gentes y culturas que conoció el explorador veneciano en sus más de veinte años de viaje por el lejano Oriente.

“Il Milione”, “El Libro de las Maravillas”, “El Libro del Millón” o “El Libro del Millón de costeras de Oriente: Japón, India, Sri Lanka y el Sudeste de Asia, así como la costa oriental de África”, son algunas de las denominaciones que recibió el libro de Marco Polo, más conocido también como “Los viajes de Marco Polo”, un libro que, sin embargo, a pesar de su éxito, no le reportó demasiada popularidad al explorador veneciano. Efectivamente, Marco Polo era un personaje muy popular en su tiempo, pero más que por sus viajes increíbles lo fue por sus riquezas, ya que la pléyade de personajes que se acercaban a él para escuchar sus historias buscaban más el calor de su fortuna que el de sus relatos, de ahí que Marco Polo fuera, en realidad, una persona muy solitaria al estar rodeada de personajes que sólo se movían por el interés económico y poco por el interés literario de sus relatos.

Con el tiempo, fue creciendo la especie de que Marco Polo mentía en sus relatos, lo que terminó afectando a la fama y el buen nombre de su familia, de ahí que, en su lecho de muerte,la familia de Marco Polo le rogó que reconociera que había mentido en sus relatos, a lo que el explorador veneciano contestó: “¡Sólo he contado la mitad de lo que vi!”.

Mapa de los viajes de Marco Polo

Sin embargo, la mayoría de los historiadores creen los relatos de Marco Polo, aunque hay algunos que afirman que nunca llegó a China y que sus relatos no son más que una recopilación de lo escuchado a otros viajeros. Así, se afirma por los negacionistas que Marco Polo omite en sus relatos detalles especialmente típicos de la cultura china, como el uso de los palillos para comer. Sin embargo, la ausencia de ese tipo de descripciones en los relatos de Marco Polo se puede deber al hecho de que aquél sólo se relacionó con los miembros de la élite gobernante mongol, la cual tenía unas costumbres diferentes a las de sus súbditos chinos, de ahí que Marco Polo sí que hiciera descripciones detalladas de las costumbres de los mongoles, de ahí que la mayoría de los historiadores avalen los relatos de Marco Polo como reales, siendo uno de los detalles más significativos en favor de esa veracidad histórica la mención que hace el explorador veneciano a “Cipango” (el Japón actual, que los chinos llamaban entonces “Zipang”), la primera referencia en la literatura occidental al país del Sol naciente.

Sea como fuere, lo cierto es que Marco Polo representa el icono del viajero intrépido y aventurero por antonomasia, un viajero que no sólo se limitó a hacer fortuna durante sus viajes y a contemplar sin más lo que veía, sino que, además, se peocupó por relatar con detalle sus viajes, tratando de hacer comprender a la Europa de la época las culturas y civilizaciones que conoció durante más de veinte años de viajes por el lejano Oriente, describiendo detalles, inventos y sistemas que más tarde serían adoptados por Occidente, como el caso del papel moneda o el sistema postal chinos. También es cierto que también se atribuye a Cristóbal Colón la introducción de una serie de inventos procedentes de China, como la pólvora, la pasta o los helados, pero estas atribuciones no se las arroga él mismo, sino que fueron elaboradas por la cultura popular años más tarde y atribuidas a Marco Polo sin ser él partícipe en ellas, lo cual, sin embargo, no menoscaba la figura del explorador y mercader veneciano, un intrépido viajero que nos dejó su “Libro de las Maravillas” describiendo civilizaciones mucho más avanzadas que la europea de la Baja Edad Media, en un alarde de cosmopolitismo que, sin duda, impulsó a otros aventureros a seguir su ejemplo y ampliar así la estrecha visión del Occidente de aquel entonces.

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2 Comentarios en “Los viajes de Marco Polo: “El Libro de las Maravillas””

  1. estela alexa atilano martinez Dijo:

    cuales fueron los veneficios de la ruta de la seda?? PLIS

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