San Pedro de Atacama


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San Pedro de Atacama
San Pedro de Atacama, como pueblo, no tiene nada de particular ni de especial a primera vista. Un pueblecito con las calles principales pavimentadas, mientras que la mayoría son calles de tierra polvorienta con tonos rojizos; con algún edificio colonial como testigo de la Conquista española, siendo que la mayoría de las casas son de planta baja en los que se combinan el color rojo del adobe y el blanco de la cal…
 

 

El Desierto de Atacama es considerado el desierto más árido del Mundo, ubicado al norte de Chile, a los pies de la cordillera de los Andes, en el que resulta prácticamente ver llover alguna vez como consecuencia del efecto de los Anticiclones del Pacífico, los cuales provocan un fenómeno conocido como “inversión térmica” que impide la formación de nubes altas originadoras de lluvia.

Con temperaturas que pueden llegar hasta los -25°C durante la noche y los 50ºC durante el día, el Desierto de Atacama es un lugar inóspito en el que resultaría impensable la vida por las condiciones extremas que presenta. Sin embargo, nada más alejado de la realidad, ya que esta zona desértica ha albergado durante siglos a numerosas etnias y pueblos, como fue el caso de los camanchacos, coles, uros y lupacas, así como el propio Imperio Inca, debiendo su nombre a uno de los primeros pueblos que lo habitó: los atacameños.

 

 

Los atacameños (también llamados “apatamas”, “alpatamas”, “kunzas”, “likan-antai” o “likanantaí”) eran un pueblo dedicado a la agricultura y la ganadería que maximizaba el aprovechamiento de las escasas aguas de que disponían, utilizando para ello técnicas como el cultivo en terrazas, una técnica utilizada también por los incas y que, en el “viejo Mundo”, también utilizaran los árabes exportándola a Al-Ándalus. Todo un despliege de ingenio y técnica para sobrevivir en un espacio en el que la vida resultaba y resulta prácticamente imposible.

Efectivamente, a pesar de su aridez, Atacama ha albergado pueblos desde la noche de los tiempos, incluyendo a los propios conquistadores españoles, por lo que esta tierra, desde luego, ha de tener algo más que sol y arena para haberse convertido en el hogar de distintas culturas. Tal vez sea el encanto y la magia de su paisaje muchas veces lunar, de la soledad que proporciona y en la que el hombre se sitúa frente a frente con él mismo, una soledad que permite gozar al que la contempla de la inmensidad del paisaje despoblado en el que la naturaleza parece poner en práctica sus creaciones más imposibles y que nos recuerda que no somos más que otro de sus caprichos.

Y es en esa inmensidad de aridez y silencio donde se alza San Pedro de Atacama, un verdadero oasis en mitad del desierto y que ya lo fuera para los primeros atacameños hace unos 11.000 años, dejándonos muestras de su herencia en los restos arqueológicos de la zona, pero, también, en los restos vivos de su cerámica, su artesanía, su música y su gastronomía, restos que la convierten en la capital arqueológica de Chile y que nos muestran un meztizaje fruto del carácter pacífico de sus moradores originarios y que permitió a los españoles convertirlo en parada y fonda en sus rutas de descubrimiento.

Es ese carácter de oasis el que ha conferido a San Pedro de Atacama el ser un lugar turístico de primer orden para los amantes de un turismo diferente, lejos de las aglomeraciones turísticas e ideal para quienes buscan escaparse del Mundo, de los bulliciosos centros turísticos, para quienes buscan encontrarse a si mismos en la soledad de los paisajes lunares de Atacama.

Ubicación del Altiplano de San Pedro de AtacamaUbicación del Altiplano de San Pedro de Atacama…


 

Y es que ese atractivo de San Pedro de Atacama ya se comienza a saborear cuando viajamos hacia ella desde Calama, la población más cercana a San Pedro y que la conecta por medio de una solitaria carretera que se pierde en la inmensidad del desierto y que parece no tener fin, con unos 98 km de paisajes lunares que nos advierten de nuestra insignificancia frente al poder de la Tierra y tras los cuales se encuentra este pequeño pueblecito lleno de la vida de sus apenas 2.500 habitantes que contrasta con la aridez del entorno.

San Pedro de Atacama, como pueblo, no tiene nada de particular ni de especial a primera vista. Un pueblecito con las calles principales pavimentadas, mientras que la mayoría son calles de tierra polvorienta con tonos rojizos; con algún edificio colonial como testigo de la Conquista española, siendo que la mayoría de las casas son de planta baja en los que se combinan el color rojo del adobe y el blanco de la cal, lo cual da lugar a un colorido constante que parece camuflarse en las arenas del desierto. Un pueblecito que en apenas una hora se recorre de principio a fin, entre la Municipalidad, la Calle de San Pedro (verdadera arteria comercial de este pueblecito y punto de reunión de sus habitantes), Toconao, Caracoles, Domingo Atienza y la Plaza del Pueblo; un paseo que culmina en cada uno de los extremos del pueblo de forma brusca al situarte, de pronto, tras la esquina de una casa, frente a la inmensidad del desierto infinito que es Atacama.

 

 

Sin embargo, este ambiente tranquilo y relajado de San Pedro no te debe dejar engañar. Estás ante uno de los lugares turísticos más importantes de Chile, tanto en lo que al pueblecito de San Pedro se refiere como, desde luego, a sus impresionantes alrededores.

Efectivamente, San Pedro de Atacama cuenta con una infinidad de puestecitos de souvenirs, destacando el taller “La Mano Arte” (donde, además de poder realizar algún curso para aprender la cerámica más tradicional, utilizando las técnicas de del pellizcado y lulo, podrás adquirir artesanías tradicionales inspiradas en la naturaleza, al tiempo que puedes disfrutar de una deliciosa exposición en el “Café-restorán Adobe”), “El Petroglifo” (una deliciosa tiendecita de artesanías donde puedes encontrar de todo lo que necesites para decorar tu casa de una forma artesanal, incluyendo también los accesorios necesarios para visitar la zona de Atacama, especialmente ropa de montaña) o “La Luna” (una de las tiendas más tradicionales de San Pedro y que cuenta con un amplio catálogo de artesanías chilenas especialmente refinadas), entre muchas otras tiendecitas que podemos encontrar en nuestro recorrido por el pueblecito de San Pedro, todas ellas llenas de artesanías y productos de la tierra, recuerdos indispensables de nuestra visita a la zona.

Pero, después de nuestro paseo por San Pedro, toca disfrutar de la gastronomía de la zona en “El Blanco”, el “Café Adobe”, “El Milagro” o la “Tierra”, entre otros, un catálogo de restaurantes y cafés que nos ofrecen artesanía en la mesa, a la par que nos permitirán disfrutar de la artesanía local en las exposiciones y decoraciones que adornan cada uno de estos cuidados locales. Una experiencia perfecta para quienes disfrutan del placer de viajar sin renunciar a la buena mesa.

Pero si te parecen pocos los atractivos de San Pedro, no cabe duda de que los encantos naturales que lo rodean te van a sobrecoger. Nos estamos refiriendo a la naturaleza en su estado puro, a paisajes diáfanos, profundos, que se pierden en el horizonte y que están prácticamente inexplorados por las duras condiciones para la vida que ofrecen, condiciones que, sin embargo, constituyen su mayor atractivo, recordando al viajero lo frugal de la vida y de su propia existencia cuando contempla espectáculos como el del Salar de Atacama, unas inmensas salinas en mitad del desierto y que antaño fueran un inmenso lago de unos 2.270 km2 que desapareciera por evaporación, dejando al descubierto la arena salada y blanca del desierto a más de 2.000 msnm.

Igualmente espectacular es el Valle de la Luna, a sólo unos 15 km de San Pedro. Se trata de un valle cuyo nombre ya nos indica que se trata de un paisaje lunar, sorprendente, a veces inquietante, en el que el silencio, tan sólo roto por el sonido del viento, nos sitúa ante la soledad más absoluta, frente a frente con la naturaleza y sus caprichos a la hora de cambiar el color y formas del paisaje por el efecto de la luz según la hora del día. Efectivamente, en el Valle de la Luna se puede disfrutar de un espectáculo de la naturaleza único, ya que, al atardecer, el color de los lejanos volcanes varía hacia al rojo intenso.

 

 

Pero no sólo el Valle de la Luna nos ofrece espectáculos visuales de este tipo, ya que las Lagunas Miscanti y Meñiques, situadas en pleno altiplano, a unos 100 km de San Pedro y con unas vistas espectaculares desde ellas del Salar de Atacama, nos ofrecen un espectáculo único con sus aguas de intenso color azul y orillas blancas y los flamencos que pueblan estas dos lagunas, así como la Tagua Cornuda, una especie endémica de este lugar y que se encuentra en peligro de extinción. Toda una explosión de colores y contrastes de vida en estos dos oasis en pleno desierto.

Y, desde luego, puedes contemplar toda la fuerza de la naturaleza a 95 km de San Pedro, en los Géisers del Tatio, una poderosa manifestación de la “Pachamama” (“Madre Tierra”) a más de 4.000 metros de altitud, generando por las mañanas un vistoso espectáculo de color los chorros de vapor de agua que salen disparados a más de 6 metros de altura, existiendo también la posibilidad de disfrutar de un relajante baño de aguas termales en pleno aire libre por el efecto de la proximidad del Volcán Tatio, algo que se agradece en este lugar especialmente frío a primeras horas de la mañana. Del mismo modo, otra de las manifestaciones de la fuerza de la “Pachamama” la tenemos en el Volcán Licancabur, situado a tan sólo 40 km de San Pedro y también conocido como “Cerro del Pueblo”, un volcán al que los Incas realizaban ofrendas, testigo de lo cual son los restos de altares y campamentos incas que se encuentran en los alrededores de su cráter.

 

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Si Chile es un país que apasiona a los amantes de la aventura, un país en el que la naturaleza ofrece al viajero todos los contrastes y todos los climas de norte a sur, San Pedro de Atacama, desde luego, es el lugar perfecto para disfrutar de una experiencia única, el lugar perfecto para los viajeros solitarios que buscan enfrentarse a solas con la naturaleza en su estado más inóspito, para quienes buscan un viaje diferente, lejos de los circuitos tradicionales y masificados, para quienes quieren conocer unas culturas prehispánicas que desafiaron a los elementos estableciéndose en lugares en los que la vida resulta prácticamente inconcebible.

 

 

Si eres de los apasionados por descubrir nuevos mundos, por alcanzar nuevos horizontes, por superar nuevos retos; si eres de los que disfrutan de una noche limpia estrellada, pasando horas en su contemplación, en el silencio de la noche, sin más compañía que tus propios pensamientos; si eres de los que se emocionan considerando que conoces un lugar en el Mundo que pocos conocen, conservándolo en la propiedad de tu memoria; no cabe duda duda de que has de visitar San Pedro de Atacama y su desierto, un lugar que te va a sorprender en todos los sentidos y al que, seguro, querrás volver.

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